ArtículosIniciosemana del 6 de ENERO al 12 de ENEROSusana Seleme Antelo

Ya no somos un país pobre…

Le dijeron al jefe del régimen, Evo Morales, y se lo creyó, tan afecto a los chismes como dicen que es. ¿Quién se lo habrá dicho? Y no fue un “ya no somos pobres” a secas, sino con discurso ideológico incluido, pues agregaron que si Bolivia ya cruzó la línea de pobreza, las Organizaciones No Gubernamentales (0NGs) no tienen cabida en Bolivia y por lo tanto hay que expulsarlas. A las no oficialistas, o a las que critican a su gobierno, desde luego.

Quien quiera que hubiese sido el informante, ya sea ministro, asesor o vulgar mentecato, merece un rotundo aplazo porque haber tenido un crecimiento económico de 6.5% no equivale a haber desterrado la pobreza: ni la pobreza extrema ni los sectores que pasaron de esa categoría a la pobreza vulnerable.

La diferencia entre una y otra radica en que la pobreza extrema tiene ingresos de 1 a 4 dólares diarios y la vulnerable de 4 a 10, según “La movilidad económica y el crecimiento de la clase media en América Latina”, estudio elaborado por el Banco Mundial. Esa movilidad social de una pobreza otra, en Bolivia se debe en gran parte a los bonos del régimen como el Dignidad, una versión mejorada del neoliberal ‘Bonosol’ de Gonzalo Sánchez de Losada; el Juancito Pinto para los escolares de primaria –cuando más de un tercio no va a la escuela y otros porque “están trabajando como esclavos con salarios inferiores al salario mínimo” *– y el Juana Azurduy para mujeres embarazadas. Ninguno de ellos ha eliminado la pobreza, menos el crecimiento de 6.5% del año 2013.

Si no se deja de lado la pura retórica del crecimiento, no hay forma de eliminarla, ya que ella es el efecto de la ausencia de políticas estatales con una verdadero sentido de redistribución del ingreso, con políticas de educación a largo plazo y no improvisaciones de última hora como aumentar la carga horaria sin planificación ni pensum educativos y universitarios en la perspectiva de un desarrollo humano sustentable, con investigación científica e innovación tecnológica. Seguramente Morales no sabe o no le han dicho, que crecimiento sin desarrollo suma cero en términos sociales. Tampoco sabe que “No habrá dios ni hijo de dios sin desarrollo”, como sentenció hace casi ochenta años el peruano César Vallejo.

Y como bien señala James Petras, el sí un norteamericamo antiimperialista sin contemplaciones, Morales se esfuerza con “rigor y consistencia en la ratificación de las políticas económicas ortodoxas, sacadas directamente de la guía de las organizaciones internacionales. Probablemente sería considerado como el régimen radical más conservador o el régimen conservador más radical” aunque tenga “un apoyo extraordinario”.* ¿Lo tiene? Lo que si tiene Morales, según Petras, son “$14 mil millones de dólares, lo que garantiza el acceso de los inversores extranjeros a dinero en efectivo, cuando se trata de remitir ganancias”.

Pobreza extrema o pobreza vulnerable, habla de sectores pobres a los que con bonos se les reparte algo de la riqueza acumulada por el régimen centralista y estatista, merced a una economía primario-exportadora extractivista –incluido el cultivo de la hoja de coca para la producción de cocaína, amén de otras esferas de la informalidad económica- y por el considerable incremento del precio de materias primas, como el gas y minerales. Sobre una base económica volátil como la actual ¿qué sentido tiene especular con que Bolivia puede llegar a ser el segundo país con mayor crecimiento de Sur y Centro América en 2014, después de Panamá? Ninguno, a no ser congraciarse con el régimen y hacerle creer a Morales en gigantes, aunque tengan pies de barro.

Un crecimiento de 6.5% gracias solamente a ese auge de precios en el mercado internacional, que puede ser transitorio en el corto o mediano plazo, no es sustentable sin creación de valor agregado, sin inversión en empresas productivas rentables con seguridad jurídica para una reproducción ampliada de capital; empresas que generen empleos productivos estables, bien pagados, con cobertura social plena para trabajadores de ambos sexos.

En cuanto a las ONGs, en la Bolivia de los años ‘70 y ’80, como en otras partes de América Latina y el mundo, se jugaron en la lucha contra las dictaduras para reconquistar la democracia, la libertada y la dignidad atropelladas por el brutal poder militar o cívico-militar. También contribuyeron a paliar la pobreza, sobre todo en áreas rurales y mineras, con diversos programas de educación-capacitación en procesos de trabajo para ganar productividad y mejorar su calidad de vida, y otros rubros como los de la educción formal y la salud, todos ellos dejados de lado por el Estado. ¿Ha cambiado esa realidad al punto de hacerlas hoy innecesarias o, peor aún, expulsarlas? ¿O es que hoy molestan, porque como ayer, algunas hablan de democracia y libertad?

Habrá que recordarle a Morales que gracias a muchas de esas ONG es hoy presidente de Bolivia. Lo apañaron cuando era dirigente cocalero; lo promovieron cuando se postuló como diputado; lo cobijaron cuando se oponía a la reducción de la coca excedentaria –ilegal siempre-; se jugaron por él como candidato a la presidencia, financiaron las movilizaciones por la Constituyente a imagen y semejanza del caudillo y se opusieron a las autonomías, de acuerdo al humor oficialista. Sin embargo, ahora no se inmutan ante la corrupción generalizada y no dicen ‘esta boca es mía’ ante las reiteradas violaciones a los Derechos Humanos, como los derechos de los pueblos indígenas.

Y aunque no somos ni de lejos un país rico ¿cabría aquí un “cría cuervos…”?

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