ArtículosInicioMarcelo Ostria Trigosemana del 5 de DICIEMBRE al 11 de DICIEMBRE

Incierto futuro de la normalización de las relaciones cubano – estadounidenses

Terminado el pesar de unos y el regocijo de otros por la muerte de Fidel Castro, se especula sobre el futuro de la política cubana. Esta tarea no es fácil, pues el rígido hermetismo del régimen impide atisbar lo que está por venir; especialmente si se trata del proceso de normalización de las relaciones de Cuba con Estados Unidos.

Se hubiera pensado que la apertura acordada por los presidentes Barack Obama y Raúl Castro podría ampliarse más con la desaparición de Fidel Castro, quien, por su aversión a Estados Unidos, no habría deseado que este proceso avance tanto como para abrir la economía y respetar los derechos humanos. Para el desaparecido líder, lo fundamental fue —pese a que había dicho que “el modelo cubano ya no funciona, ni siguiera para nosotros”— que se preserve el sistema, que no haya libertad de prensa, no se convoque a elecciones multipartidarias, ni se restablezcan las libertades democráticas.

La elección del presidente  de Estados Unidos, Donald Trump, ha despertado inquietud en quienes propician la continuidad y aun el aceleramiento del deshielo cubano-estadounidense. Esta preocupación se acrecentó con la declaración del presidente electo, de que Fidel Castro fue “un brutal dictador que oprimió a su propio pueblo por cerca de seis décadas”. Luego, reiteró que pondrá condiciones para un acercamiento cubano—estadounidense.

Cuando se encontraron los presidentes Barack Obama y Raúl Castro, el cubano fue explícito: la normalización no significa que Cuba abandonará el socialismo; éste —aseguró—  no será cambiado. Es más, demandó el fin del embargo y el retiro de la base militar de Estados Unidos de Guantánamo; dos exigencias que el presidente Obama no pudo atender, pues hubo —y hay— oposición en el Congreso de su país y en otros sectores influyentes en la política exterior de Washington. Esto indica que es improbable que el presidente Trump se avenga a proponer al Congreso —pues un cambio en este asunto depende de los congresistas— el fin del embargo a Cuba y mucho menos el retiro norteamericano de Guantánamo. Tampoco es probable que Raúl Castro abandone las exigencias que seguramente provenían de su hermano Fidel y de la dura ‘nomenklatura’ de La Habana.

Por todo esto, la normalización de las  relaciones entre Estados Unidos y Cuba, está puesta a prueba;  hay señales de que será difícil satisfacer a unos y a los otros y, más aun, que por ahora se satisfagan las ansias de libertad de los cubanos.

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