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BOLSONARO ES EL LEGADO DE LULA

Manfredo Kempff Suarez

Me presto este titular de “América Economía”, no para hablar de Jair Bolsonaro de quien sé muy poco, sino para hacer notar a los lectores que el legado de S.E. pudo ser un hombre con las características de dureza y desconfianza por la democracia como Bolsonaro, pero que ninguno de quienes se perfilan como candidatos a sucederle tiene esas características.

Bolsonaro ha arrasado en las elecciones brasileñas del último domingo, contra todo pronóstico, simplemente porque los ciudadanos detestan todo lo que huela a populismo, a corrupción, recesión, inseguridad, y socialismo trasnochado e ineficiente. Se pensaba que el ex – capitán iba a ganar en las urnas, pero no que se llevaría por delante a Haddad y toda la herencia “lulista”, al extremo que casi 50 millones de brasileños votaron por él y le faltó tan solo un 4% para imponerse en la primera vuelta.

No vamos a tener un Bolsonaro en la presidencia cuando el candidato del MAS, que no sabemos quién será, sea derrotado en octubre del próximo año. Eso sí, ojalá que quien venga a hacerse cargo del mando llegue con la fuerza política de Bolsonaro, una vez que el MAS, sin la candidatura de S.E., puede muy bien terminar como ha quedado Haddad, con menos del 30%.

El hecho es que el sucesor de S.E. será una persona de bien, no porque S.E. se haya esforzado en que así sea, sino porque en Bolivia la oposición ha sido madura y democrática. Hasta tolerante con los innumerables desaciertos del gobierno del MAS. Tal vez demasiado tolerante o quizá incapaz de mayor fiscalización, por la aplastante mayoría parlamentaria del oficialismo y sobre todo por su atrabiliario abuso en el manejo de la justicia, su arma más poderosa.

S.E. se tiene que ir en enero del 2020, porque no puede ser candidato. Y si quiere ser postulante contra viento y marea va a crear un caos total en un país que no está dispuesto a aceptarle una pirueta más. A tal extremo de que hasta los propios comicios podrían irse al bombo si S.E. no reflexiona y mide los riesgos.

Entonces sí que el legado de S.E., a corto plazo, tendría que ser un mandatario con las características de Bolsonaro, que ponga en cintura a la abominable justicia existente, a los pícaros (lava jato nativo), a los incapaces, a los que medran de un racismo nocivo y que acabe de un tajo con el narcotráfico que se genera libremente en el Chapare, que se distribuye por todo el país, y atraviesa fronteras y océanos.

Es mejor que S.E. vaya por el camino que le dicta la Constitución y el voto del referéndum del 21-F, y que no ande con más vueltas buscando su prórroga a través de reclamar por su incalificable y ridículo “derecho humano” a ser candidato por cuarta vez, porque eso sorprende primero pero termina indignando a la gente. S.E. debería estar preocupado por cuál será el binomio masista que se va a proclamar luego de sus elecciones primarias, y no seguir gastando lo que queda de dinero en su campaña electoral completamente inútil.

La sinceridad es algo que tiene que adoptar como norma el próximo presidente de la República. Ya no podemos más con la farsa que nos han impuesto. Hay que recuperar la dignidad de algún modo. No es posible que todo lo que se emprenda o se diga tenga un doble sentido o esté plagado de sofismas como sucede con este régimen. La mentira se impone porque S.E. no deja de mentir todos los días. Y por tanto miente con descaro el teatral Vicepresidente y mienten diariamente  los segundones. Bolivia aparece como poco confiable, nada creíble, tanto interna como internacionalmente y eso nos está haciendo un daño irreparable. El próximo mandatario no debe tener los vicios de quien se marchará para siempre el año que viene y debe reponer la seriedad en la nación.

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