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EL NUEVO GOBIERNO

Manfredo Kempff Suárez

Ni el señor Evo Morales Ayma (ya no le puedo decir más Su Excelencia) ni Álvaro García Linera salieron del poder con las “patas por delante”, como alardeaban. Salieron nomás como se suponía, por aire y sin arriesgar el pellejo. Eso de defender el “proceso” fue pura charla; lo dejaron a espaldas de sus partidarios engañados. Como decimos en Santa Cruz, “pelaron” en cuanto olieron el peligro. Pero lo importante es que Morales se fue, aunque sin dejar de enviar mensajes envenenados, de carácter racista, desde México, violando normas internacionales e incomodando al país que le ha dado asilo. En su tardío arrepentimiento de haber huido, ahora dice que está dispuesto de regresar, sin darse cuenta de que su tiempo se acabó.

El trabajo incansable y valiente del presidente del Comité pro Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, seguido por todo el pueblo cruceño, fue la mecha de la protesta. El potosino Marco Pumari fue otro ejemplo de coraje y decisión, y por supuesto que el enorme sacrificio ciudadano a nivel nacional, sostenido estoicamente con paros y bloqueos durante tres semanas o más, soportando toda clase de incomodidades, violencia, privaciones, y pérdidas en su economía. Ha sido un admirable movimiento cívico antes nunca visto.

La llegada a la Presidencia Constitucional de la senadora Jeanine Añez, con la encomienda de una transición democrática, ha llenado de satisfacción a quienes ya no soportaban el fraude y la corrupción. Se ha comprobado que la estafa electoral ha sido una norma del MAS que llegó a apestar, aunque su mal olor se percibió solo en las elecciones pasadas. Pero ya habían hecho fraude en los comicios del 2014, en el referéndum de febrero de 2016 y naturalmente que ahora, cuando la OEA lo descubrió todo y su Secretario General, Luis Almagro, afirmó que había existido un “robo” en las urnas el 20 de octubre último, lo que exige ser penado con cárcel.

Ahora ha llegado al Palacio una persona honrada y con experiencia política, pese a las trabas que pusieron y que siguen poniendo los parlamentarios masistas para sabotear la elección, guiados desde México por su jefe. En Bolivia se hizo una transición conforme a ley, aprobado por el Tribunal Constitucional.  El vacío de poder que pretendía imponer el señor Morales, como el último de sus coletazos agónicos, quedó truncado; más todavía si las Fuerzas Armadas, como la Policía Nacional, reconocieron la legitimidad de la nueva dignataria. Tanto militares como policías, han jugado un rol institucional intachable.

La Presidente (o Presidenta) ha actuado con la agilidad que requieren las circunstancias, posesionando al nuevo Alto Mando Militar, además de haber designado a los componentes de su Gabinete. Se puede decir que en 24 horas Jeanine Añez ha decidido poner en marcha su administración, consciente de que sus ministros deben actuar prontamente para detener las convulsiones internas, el peligro financiero que asoma, y la deformación maligna del nuevo Gobierno que en algunos países ha promovido Evo Morales y algunos embajadores masistas que, insólitamente, todavía siguen en funciones.

No se puede hacer sugerencias sobre lo que debe hacer el nuevo Gobierno sin pecar de impertinente, pero no cabe duda de que se debería unir a la nación entera emitiendo una inmediata ley de amnistía, y prestando la máxima atención a las políticas sociales, de ayuda a la población necesitada que es mayor a las maravillas que mentía el MAS. El respeto entre los bolivianos de toda procedencia es absolutamente necesario para apagar el falso discurso de Evo Morales, que decía ser el mesías de los pobres, mientras despilfarraba a troche y moche y llevaba a la quiebra a la nación.

Si uno de los motivos del relevo de Evo Morales fue una elección fraudulenta, la nueva Mandataria debería fijar una fecha conveniente, para una nueva justa electoral ordenada y confiable, y así el pueblo comprenda que esa es la principal función del actual Gobierno, es decir, restituir una democracia limpia y sin trampas.

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