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UNA SOLUCIÓN: EL MULTAZO

Por: Manfredo Kempff Suárez

Manfredo Kempff

Estamos cansados de tanta mugre y tanto vagabundo en nuestra ciudad, pero alguna solución hay que darle a esto. Ya hemos visto que a los alcaldes no les hacen caso y, más bien, les toman el pelo. Son multitudes de paisanos (cambas incluidos) que se han adueñado de sectores de la ciudad, de donde resulta imposible moverlos. No quisiéramos que en Santa Cruz suceda lo de París de hace unos días y lo de otras capitales europeas. No deseamos que comerciantes y lumpen, aliados, asalten los comercios, roben, maten, y que desaparezcan. Pero estamos cerca.

¿Qué hacer entonces? Es imposible enseñar buenas costumbres a quienes nunca las tuvieron. Vigilar y contener con gendarmes municipales a las masas que se han adueñado de zonas enteras, no puede ser permanente, porque los mercachifles, se van y regresan. ¿Y los colectivos que agreden rabiosos a los transeúntes? ¿Mas gases? ¿Más palo? Eso lleva a que los vivillos se sientan violados en sus “derechos humanos” y hasta reciban lástima de la población: “trabajan el día a día para comer”, dicen. Todos trabajan el día a día, callejeros ambulantes o no.

No queda más que actuar de la forma en que lo hacen países adelantados, antes de que sea tarde. La multa, señor alcalde. Multar a los cuchuquis y a los pendencieros. Se les toca los bolsillos a mercachifles y cachivacheros y no lo vuelven a hacer. Y algo muy importante: no pueden ir a quejarse a las oenegés de derechos humanos, porque cobrar una multa no es nada reñido con la ley, no es lo mismo que romperle la cabeza a un sujeto porque reclame algo.

No sé cómo se manejará el Municipio con el tema de las multas, aunque estoy seguro de que no son ajenos a utilizarlas. Por último, leyes y ordenanzas se puede aprobar. Pero, en las circunstancias presentes, cuando a los árboles torcidos no se los puede enderezar, la multa es necesaria. Si se la aplica rigurosamente, sin corrupción ni abuso, quien arroje un papel o una lata de cerveza a la calle, lo pensará dos veces, porque deberá meter la mano al bolsillo o irá a un juzgado. Y duele mucho pagarle al Estado.

Manfredo Kempff Suárez

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