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EL CENTRALISMO DE SIEMPRE

Susana Seleme Antelo

La génesis de la postergación del censo es política, no técnica.  Responde a los gajes del Estado centralista, antagónico a las autonomías departamentales inscritas en la Constitución desde 2009, hoy mutiladas.

¿Para qué el Censo? Para diseñar e implementar programas, políticas públicas y estrategias de desarrollo humano sustentable, económico y social en todos los ámbitos territoriales administrativos del país.  No hacerlo a tiempo es andar a tontas y a ciegas, como anda el régimen, que lo postergó hasta 2024, a pesar de que en junio de 2022 decía que tenía todo listo para realizarlo. Primó el antagonismo centralista y su afán de dominación económica, política, social y cultural, hoy con las dos cabezas del Movimiento al Socialismo (MAS).

Una, la del ex Morales que reina en Chapare, zona productora de hoja de coca, materia prima de la cocaína que coloca a Bolivia en el radar del narco crimen organizado y deja aflorar su falso indigenismo. Quiere volver a ejercer el poder omnímodo que ejerció 14 años atrás, represión, persecuciones, exilios y muertes mediante. La otra cabeza es el presidente Luis Arce, quien reprime el derecho a la protesta y usa la fuerza bruta, arremete contra periodistas y la libertad de prensa; acelera guillotinas judiciales, a falta de las que cortan cabezas, para eliminar a la oposición política; avasalla tierras y territorios de pueblos indígenas del Oriente, elimina la representación a Amparo Carvajal presidenta de la Asociación de DD.HH hace 40 años, entre otros despropósitos.

Ambos son autoritarios, populistas, abominan de la democracia como convivencia entre diferentes y van confundidos en su confusión ideológica, pues bien pueden ser de izquierda o derecha: usan los mismos métodos, que pueden haber mutado del populismo al gansterismo, como apunta Fernando Mires.

Recuerdo a Ramiro Velasco Romero (+paceño) quien en los años ‘80 del siglo pasado veía el centralismo, como el “producto de la estrechez política del sistema administrativo estatal” es decir, “la impotencia estatal para contener a la nación”*, síntesis de múltiples determinaciones. Tiene “razones causales explicativas”, diría Isaac Sandóval Rodríguez (+cruceño), por la misma época, pues, como en todo sistema complejo, se verifica “un desarrollo desigual entre regiones”, que “conlleva una latente conflictualidad entre grupos sociales dominantes en el centro y la periferia de la formación social nacional.**

Santa Cruz sufrió un largo letargo periférico, lo que conduce a José Carlos Mariátegui, quien ya en 1928, en Perú, catalogaba los ‘regionalismos’, como “la expresión de un malestar y de un descontento” por la ausencia de una “convivencia más orgánica y menos coercitiva” con el poder central. Aquí siempre hubo malestar frente a ese poder, colonial o republicano, dando lugar a conflictos de alta o baja intensidad. Éramos “pobres como la luna”, escribió el historiador Gabriel René Moreno a fines del siglo XIX; aislada, marginada y estancada económicamente, “lejos de todas partes” hasta los ‘50 del XX. No obstante, abonada la región con la inteligencia del Memorándum de 1904, más otros hitos en su devenir, surgió Santa Cruz con un proyecto regional colectivo de Desarrollo Territorial, de los pocos exitosos en América Latina, según el experto Sergio Boisier.

La base de ese éxito fue la articulación y coherencia de seis elementos: actores, cultura, recursos, instituciones, procedimientos y entorno, a partir de la auto identificación territorial, la representatividad social del proyecto con predominio de rasgos cooperativos/solidarios y audacia empresarial por el futuro a construir, nunca separatista.

¿Dónde encontrar los orígenes para semejante salto cualitativo y cuantitativo en la región? En “la insubordinación ideológica fundante” que la socióloga y urbanista Ana Carola Traverso-Krejcarek, aborda en su nuevo trabajo sobre “Orígenes del desarrollo cruceño: el Comité de Obras Publicas y la Corporación regional de Desarrollo”. Con acierto analítico, la autora analiza la creación de ese “contrapoder regional”, basado en instituciones pioneras, flexibles, eficaces, inteligentes y ‘gobernanza’ para administrar el 11% de regalías petroleras. Imperdible para entender el éxito que sentó “las bases de la Santa Cruz moderna”.

Hoy es la locomotora económica que atrae los desplazamientos migratorios internos como un imán. Aquí se genera excedente y se crea riqueza, aun en la informalidad, frente a unas instituciones estatales centralistas, burocráticas, ineficientes, ineptas, incapaces de contener la diversidad nacional. Y así llegamos al censo postergado por intereses políticos.

El periodista Carlos Valverde ha hecho públicos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), que sí tiene contabilizado el crecimiento poblacional del país, departamento por departamento. A partir de ahí, Valverde hace cálculos de cuántos diputados/as le correspondería a cada uno, a partir de la cifra repartidora. Sobre esa base, Santa Cruz, Cochabamba y Beni tendrían de 4 a 2 representantes más. Por eso el régimen posterga en censo: cuida su mayoría parlamentaria. Tampoco quiere redistribuir recursos para Alcaldías, Gobernaciones, Universidades y Pueblos Indígenas, como manda la Ley.

El centralismo de siempre en lucha por territorio, población y poder. Son tiempos de oscuridad.

*El Estado y la Región en La Paz, en El poder de las Regiones. 1985.

**La cuestión regional en Santa Cruz, en El poder de las Regiones. Traverso, Ana Carola. Revista Ciencia y Cultura. La Paz. Junio 2022.

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