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Arrasando a sangre y fuego…

Por: arq. Fernando Prado Salmón

Antiguamente las hordas invasoras arrasaban los territorios como se decía «a sangre y fuego». Hoy, bandas delincuenciales con distintos nombres pero también productores inconscientes arrasan el territorio a fuego… y también a sangre, solo que hoy matan «a plazos» o en cámara lenta. ¿cómo es eso?

Bueno, sobre el fuego y los incendios no es casualidad que se incendien principalmente los parques nacionales, las reservas forestales y las áreas protegidas, es decir es claro que de lo que se trata es de arrasar con todo para tomar el control del territorio, por encima de leyes de protección o peor aún apoyándose en leyes que mas bien han promovido este holocausto ambiental. Nadie ya duda de esto y el uso de la violencia contra los bomberos es ya el extremo de la evidencia.

Decíamos toma del territorio a sangre y fuego, como en los viejos tiempos. Sobre el uso criminal del fuego ya no hay dudas. Pero, ¿y la sangre? No veo que maten y descuarticen hombres, mujeres y niños como en el pasado, pero el asesinato es evidente, ya no es con espadas, es con el PM 2,5.

Pero ¿qué es eso del PM 2,5? ¿Recuerdan a los mineros que mueren a los 40 años con silicosis por haber absorbido haber absorbido partículas de estaño? Pues bien el PM 2,5 es un indicador de presencia de partículas en el aire de menos de 2.5 micrones, partículas que son tan pequeñas que el cuerpo humano no las puede filtrar y penetran hasta el fondo de los alvéolos pulmonares, de donde ya no pueden salir, generando en algunos años daños irreparables en los pulmones que causan la muerte. Esas minúsculas y mortales partículas se generan en especial con la combustión de materiales vegetales, es decir de árboles y arbustos.

Entonces nos están matando, pero no en el acto, nos están matando a plazos, disminuyendo drásticamente nuestra esperanza de vida. Es decir si usted podía haber vivido hasta los 70 años, con el humo tres meses al año vivirá solo hasta los 65, y si pensaba vivir 80, vivirá solo 70. Así de grave es la situación.

No es inexplicable la actitud pasiva del gobierno: este proceso de «limpieza» juega a su favor a mediano y largo plazo, ya se imaginan porqué.

Sergio Antelo percibió ya este proceso cuando en 2004 escribía:

«La utilización de tierras no aptas para la agricultura y la consecuente deforestación de las nacientes de cuencas acabará convirtiendo nuestro clima en un infierno, nuestras tierras en un desierto y nuestro pueblo en una sociedad condenada al exilio por falta de condiciones materiales para su sustento. Si el Estado cómplice no asume su defensa lo haremos nosotros».

Es muy triste ver este pueblo bello camino a su destrucción.

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