
Mientras se celebran las exequias de Roderich von Oven en Illingen, Alemania, dos continentes despiden a un hombre que supo hacer suyas las tierras que no lo vieron nacer. Nacido en Alemania, criado en Argentina y forjado profesionalmente entre Uruguay y Bolivia, von Oven fue un puente viviente entre culturas, un técnico de rigor científico y un humanista de sensibilidad entrañable.
Su trayectoria comenzó en el campo uruguayo. En 1971, invitado por Walter Arias a instancias del presidente Benito Medero, von Oven se incorporó a la Comisión Honoraria del Plan Agropecuario para hacerse cargo del departamento de Economía. Allí enfrentó un desafío mayúsculo: bajo presión del Banco Mundial, que exigía datos de rentabilidad para justificar sus inversiones en el país, creó las tradicionales «Carpetas Verdes». No fue tarea sencilla. En una época donde el 90% de los productores ganaderos ni siquiera sabía cuántos animales tenían —y no existían ni DICOSE ni trazabilidad—, von Oven diseñó un sistema de registros económico-productivos que, con paciencia y pedagogía, logró que casi 300 productores adoptaran.
El método fue concebido para productores ganaderos y, si bien con el tiempo quedó obsoleto para otros sistemas, sentó las bases de una cultura de registro que perdura hasta hoy. «Mi mayor satisfacción fue al visitar Uruguay en el 2002, cuando encontré mucha gente que llevaba las Carpetas Verdes, e incluso varios hijos de productores que las habían adoptado como asesores», confesó años después.
Pero fue en Santa Cruz donde von Oven dejó su obra más perdurable. Como autor principal del PLUS —el Plan de Uso del Suelo de Santa Cruz—, dedicó largos años a la Corporación Regional de Desarrollo para construir un instrumento técnico-normativo que delimitara espacios geográficos y asignara usos al suelo con criterios de sostenibilidad. Aquel trabajo pionero, aprobado por Decreto Supremo N.º 24124 en 1995 y homologado por Ley de la República en 2003, encontró su coronación en noviembre de 2023 con la promulgación de la Ley Departamental N.º 316, que actualizó y reguló el PLUS-SCZ, estableciendo a la Gobernación como autoridad exclusiva en la materia.
El legado de von Oven trasciende lo técnico. Hay una historia que lo define mejor que cualquier currículum: la traducción del diario de don Georg Banzer, antepasado de una familia cruceña. Trescientas ochenta y cinco páginas escritas en letra gótica alemana —el Kurrentschrift—, muchas veces a lomo de mula o bajo la lluvia, que von Oven transcribió y tradujo al español durante una década. No fue casualidad que el tema lo atrapara: su propio abuelo había emigrado de Alemania a Bolivia apenas unos años después que Banzer, se alistó como voluntario en la guerra de 1914 y nunca regresó. Al traducir aquellas páginas, von Oven reconstruía también un pedazo de su propia historia.
Con rigor casi científico, respetó la ortografía original y marcó en rojo cada comentario propio para no confundir su voz con la de Banzer. Y con humor, supo entender que cuando un cruceño dice «no sé» en lugar de «no», no hay falta de respeto, sino simplemente otra forma de entendernos. El libro se convirtió en un éxito en Santa Cruz y Bolivia.
Roderich von Oven no fue solo un técnico. Fue un hombre que supo mirar con cariño las diferencias culturales, que trabajó por el futuro de esta tierra con la misma pasión con que rescató la memoria de sus antepasados. Su partida deja un vacío, pero también un legado doble: el del profesional que ordenó el territorio cruceño y el del hombre que, con paciencia y una salud cada vez más frágil, nos devolvió la voz de nuestros propios antepasados.
Descansá en paz, Roderich. Santa Cruz y Bolivia te recordarán siempre.



