ArtículosAutoresInicioManfredo Kempff Suárez

“EL EXCREMENTO DEL DIABLO”

Por: Manfredo Kempff Suárez

Manfredo Kempff
Manfredo Kempff

Esta frase, acuñada por el venezolano Pérez Alfonso, la he vuelto a encontrar en una nota publicada en La Nación de Buenos Aires, de mi amigo el destacado escritor nicaragüense Sergio Ramírez. En el artículo, Ramírez se refiere a las nacionalizaciones e inconvenientes internacionales que se han creado por el petróleo en diversos países americanos, incluyendo el nuestro.

Refiere el peligro de depender económicamente de un recurso no renovable y eso nos recuerda la sabia advertencia de “sembrar el petróleo”, es decir, que el energético no debe gastarse festivamente, disparatadamente, que se lo debe cuidar, porque, según Uslar Pietri, “el petróleo no es una cosecha ni una renta, sino el consumo continuo de un capital depositado por la naturaleza en el subsuelo”.

Ramírez recuerda que en Bolivia existieron tres nacionalizaciones del petróleo; una, en 1937, cuando en el gobierno de David Toro se nacionalizó la Standard Oil; otra, en 1969, cuando Alfredo Ovando nacionalizó la Bolivian Gulf; y una tercera, el 2006 cuando Evo Morales ejecutó una falsa nacionalización, que derivó en un acuerdo con las empresas petroleras extranjeras y que produjo el desbarajuste actual.

La nacionalización del petróleo en Bolivia en 1937, fue la primera en América (para variar). Después vendría, en 1938, la nacionalización de los hidrocarburos en México, durante el gobierno de Lázaro Cárdenas. En Bolivia, el gobierno de David Toro acusó a la Standard, de fraude, de haber vendido carburantes a Paraguay y Argentina en pleno caos guerrero, y, tan grave como lo anterior, de no querer aportar con gasolina de aviación al ejército boliviano en medio del conflicto chaqueño. Dionisio Foianini y otras importantes personalidades fueron quienes influyeron en la nacionalización, una vez que ya se había fundado, el año anterior, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB).

En 1969, para justificar un golpe absurdo contra el gobierno constitucional del Dr. Luis Adolfo Siles Salinas, la más importante medida que tomó el general Alfredo Ovando Candia y su cohorte de jóvenes socialistas, fue nacionalizar la Bolivian Gulf Oil Co. La izquierda aplaudió esa medida como provechosa económicamente y “patriota”. Su mentor, el ministro Marcelo Quiroga Santa Cruz, socialista elocuente, se convirtió en la figura más importante entre los políticos civiles. Sin embargo, la nacionalización, fuera de un golpe publicitario, perdió terreno en el mundo empresarial, tuvo que erogar una fuerte indemnización a la empresa norteamericana y, algo más grave, toda la administración petrolera y gasífera quedó en manos de YPFB, entidad que ya mostraba grandes falencias y muestras de corrupción. En suma, la nacionalización de la Gulf tuvo un propósito de índole demagógico social, no comercial.

Los gobiernos de Paz Estenssoro, Banzer, Sánchez de Lozada y Paz Zamora, se esforzaron en traer capitales al país, confirmando la seguridad jurídica, para la exploración y explotación de campos gasíferos. Los “excrementos del diablo” habían llegado a su fin, es decir que el petróleo ya era muy escaso y su manejo sucio. Lo que quedaba en abundancia, aún sin explotar, eran los “gases de satanás”. Pero con el estómago vacío, sin alimento, tarde o temprano se acabarían también los gases, como aconteció.

Llegó al poder el veleidoso y corrupto Evo Morales, modelo de ignorancia, y a los cuatro meses de gobierno nacionalizó todas las empresas extranjeras haciéndose aplaudir por las masas como el gran liberador económico de Bolivia; como el que había recuperado la dignidad de la nación. Precisamente en ese año de 2006 los campos descubiertos por sus antecesores empezaron a ser explotados febrilmente. El flamante gobierno recibió hasta los contratos firmados con países y empresas. La cantidad de dólares que producían anualmente los “gases de satán”, sorprendieron a los nuevos gobernantes y era tanto el dinero que recibía Evo Morales que creyó que gobernar era una bicoca, que no existía preocupación alguna, que los anteriores presidentes habían sido unos flojos. Claro, si su gobierno recibió más ingresos que todo el resto desde la fundación de la República, podía gastar en todo lo que se le antojara: viajar, comer, bailar, fornicar y crear los bonos que quisiera. Pero Luzbel estaba mirando la corrupción y se reía.

Fue así que tanto los excrementos como los gases de los diablos que moran debajo de la tierra boliviana, se acabaron. La corruptela se lo llevó todo. Un estreñimiento retuvo los excrementos. Los gases, inmóviles, dejaron de hacer ruido. Hoy Bolivia vive sus horas más tristes, paralítica, casi moribunda, buscando quien la ayude a salvar su estómago vacío para que sus redes de intestinos se llenen de gases nuevamente y retorne la vida.

Manfredo Kempff Suárez

Ver más

Artículos relacionados

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Botón volver arriba