

El 15 de mayo de 1891, un Papa León, el Santo Padre León XIII, promulgó su trigésima octava Carta Encíclica: Rerum novarum. De Conditione Opificum («De las cosas nuevas. Sobre la situación de los obreros»), que se convertiría en la primera encíclica social de la Iglesia católica y la generatriz de la Doctrina Social de la Iglesia, que ha estado presente en el pensamiento de los siguientes Papas a través de otros importantes documentos y que ha generado el accionar de la solidaridad social de la Iglesia con el fundamental esfuerzo de los siguientes once Pontífices Romanos hasta hoy, cuando ocupa el trono de San Pedro un sacerdote agustino ―Robert Francis Prevost―, norteamericano y peruano, conocedor de la acción de la Iglesia por los necesitados de apoyo moral y solidaridad económica en su Chicago natal y en los distintos lugares del Perú donde fue pastor.
Gioacchino Vincenzo Raffaele Luigi Pecci, italiano (romano cuando aún no había unplaceresa Italia unificada), miembro de la Orden Tercera Franciscana Regular, fue el Santo Padre que firmó Rerum novarum imbuido del espíritu que motivó a San Francisco de Asís ―arrepentido de las riquezas de su familia y de una vida, hasta entonces, “poco evangélica”― para fundar en 1221 los Hermanos y Hermanas de la Penitencia con el carisma de Vivir el Evangelio en la vida cotidiana mediante la sencillez, la paz, la oración, el amor a los pobres y el cuidado de la creación, retomando la fe y acción de los movimientos penitenciales del siglo XI tras la Reforma Gregoriana de 950.
En Rerum novarum, León XIII dejaba patente su apoyo al derecho laboral de «formar uniones o sindicatos» solidarizándose con la precarias condiciones de vida y trabajo de esas primeras décadas del capitalismo como sistema social y económico global, pero también se reafirmaba en su apoyo definitivo al derecho de la propiedad privada; así mismo, fundamentaba sobre las relaciones entre el gobierno, las empresas, los trabajadores y la Iglesia, proponiendo una organización socioeconómica basada en el espíritu cristiano que beneficiara a todos: trabajadores y empresarios.
Rerum novarum fija las líneas maestras de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI): el conjunto de enseñanzas morales, principios y orientaciones del Magisterio de la Iglesia Católica sobre la vida en sociedad. La DSI ―desde Rerum novarum― se caracterizó definidamente como una guía moral de la sociedad y las relaciones económicas, alejado de ser un programa político, un sistema económico ni una ideología para ser un formador de conciencias en la iluminación de la realidad social, económica y política ―entonces y ahora― a la luz del Evangelio, promoviendo un humanismo integral que defienda la vida humana desde su concepción hasta su fin natural.
Con este mismo espíritu y en el carisma de la DSI, esta semana que termina se constituyó oficialmente en Santa Cruz de la Sierra la Asociación Civil de Católicos Empresarios (ACCE), un espacio de encuentro, formación, diálogo y reflexión para empresarios y profesionales comprometidos con los valores cristianos y el desarrollo de nuestra comunidad empresarial: una nueva Pastoral Empresarial que vincula fe, ética y actividad empresarial, que fue bendecida con una Misa de Acción de Gracias en la Catedral de San Lorenzo Mártir presidida por Monseñor René Leigue Cesari, Arzobispo metropolitano, y Monseñor Estanislao Dowlaszewicz Billman, Obispo auxiliar, con la coparticipación de los sacerdotes P. José Carvantes Gabarrón, P. Juan Manuel Díaz Sánchez y P. José Luis Santos Russi.
Formada por empresarios, ejecutivos y profesionales católicos del departamento comprometidos con la construcción de un tejido económico inspirado en los valores del Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia y estructurada con el propósito de acoger en su seno toda la diversidad del ecosistema empresarial boliviano en las categorías de corporaciones y grupos económicos, empresas, emprendedores, profesionales independientes y jóvenes profesionales, unidas todas por la misma Misión: fe, liderazgo y servicio al bien común.
Como afirmaron los socios fundadores (Erwin Hurtado Peredo, Javier Monasterio Indaburu, José María Quiroga, Juan Pablo Roda Roden, Óscar Ortiz Antelo, Pablo Alípaz González y Peregrín Ortíz Mercado) en su documento constitutivo: «Las empresas transforman economías. Pero, sobre todo, transforman personas. Cada decisión empresarial impacta familias, comunidades y el futuro de un país», que este nuevo movimiento, abanderado en la Doctrina Social de la Iglesia y en el espíritu del Magisterio Social que ha sido pilar de la Misión cristiana, haga éxitos y fe de su espíritu imbuido de teología moral social del cristianismo.
José Rafael Vilar



