ArtículosIniciosemana del 12 de MARZO al 18 de MARZOSusana Seleme Antelo

¿A dónde va Bolivia?

Sabemos que las leyes son producto histórico de las necesidades de una sociedad. Por ende, se considera la cultura del Derecho como una construcción de la razón colectiva, traducida en un conjunto de normas, conocidas como Derecho Positivo. Este Derecho que no debe estar reñido ni con la ética ni con la justicia aplicada sin distinción de color político, religión, raza, sexo o cultura, es decir, igual para todos los miembros de una sociedad.

Ejemplo de esa construcción fue la lucha de las pioneras feministas a favor de que las mujeres tengamos acceso al voto: fue una necesidad histórica convertida en razón colectiva. La Declaración de los Derechos Humanos, después de la Segunda Guerra Mundial, fue otra necesidad histórica convertida también en razón colectiva, al considerar en su primer preámbulo que los derechos humanos debe ser protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que “el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”.

El sabio tribuno boliviano Pantaleón Dalence afirmaba que el sometimiento a la Constitución y las leyes son la única sumisión que no envilece. Por lo tanto, quien pretenda cambiar la objetividad y apego a la ley en el cumplimiento de fallos judiciales y los somete, más bien, al azar de ritos atávicos, esta cometiendo delito tipificado en los arts. 153 y 154 del Código Penal. Es decir, resoluciones contrarias a la Constitución y a las leyes e incumplimiento de deberes.

Si alguno magistrado, como Gualberto Cusi, expresa que consulta a la hoja de coca y lee en ellas antes de dictar sus fallos, y no a la Constitución Política del Estado, por muy originario que fuere, comete apología pública de un delito. En la terquedad de persistir en su error, Cusi pretende descolonizar la justicia, olvidando que la Constitución Política del Estado, que el MAS aprobó con tres muertos a las espaldas, es una Constitución para la descolonización del viejo Estado, como afirma el Presidente Evo Morales.

¿Qué va a descolonizar entonces, el magistrado Cusi, que también utiliza las hojas de coca para hablar con plantas y animales? No es extraño, tiene derecho, pero no para usar las hojas de coca en el ejercicio de su profesión. Lo que Bolivia necesita es que la descolonialicen de los falsos delirios indigenistas y de los certeros delirios atávicos, jacobinos y totalitarios de Morales Ayma, el ‘Vice’ y sus demás cómplices de la descomposición política que deja librada a la sociedad boliviana una peligrosa anomia social y estatal.

Todo este preámbulo no es solo para comentar las insólitas declaraciones del Magistrado en cuestión, sino para analizar el actual momento que vive Bolivia en manos de los que manejan el Estado Pluri, tan irracional como las declaraciones de Cusi. Es cierto que sus opiniones para administrar justicia en casos difíciles, cuando recurre a la lectura o consulta a las hojas de coca, transforma la capacidad del legislador en mero conocimiento ancestral-atávico, y la probidad e idoneidad de un magistrado se presenta como lo mas cercano al azar o a la brujería. O al surrealismo que, en Bolivia, no es patrimonio de artistas, sino práctica política del oficialismo, de movimientos sociales, sindicatos y gremios para exigir sus demandas: actúan al margen de la realidad en ausencia de toda lógica racional.

Como dice Leonardo Padura, escritor cubano de pluma aguda y sin concesiones a cualquier tipo de poder, incluso el de Cuba, “ Ya se sabe que las épocas turbulentas generan pasiones que no suelen ser turbulentas. (Porque) en medio de esas alteraciones, disputas y luchas por la preeminencia individual o la subsistencia de un status, la posible focalización del interés público en una determinada coyuntura social o política tiende a propiciar que afloren, con mayor intensidad de lo habitual, las miserias humanas”.

¿Leen en coca amarga o en coca dulce?

Sería interesante saber en qué hojas de coca leen antes de dictar fallos judiciales, como Cusi: ¿en las que no son aptas para el consumo humano, como las muy amargas de las 6 Federaciones del Chapare, de las cuales el presidente Evo Morales es su presidente, o la coca dulce de los Yungas que es la que se mastica o ‘acullica’? ¿Influirá esa diferencia entre coca amarga y coca dulce en el fallo del magistrado Cusi y los demás?

De ahí la pregunta ¿a dónde va Bolivia si quienes manejan el poder, lejos del Marx al que dicen adherirse ideológicamente, no han leído, por ejemplo, su “El método de la economía política” para reconocer que la hoja de coca nada tiene de sagrada? Aunque la defienden a capa y espada como cultural y ancestral, esa hoja es la materia prima de la economía política de la cocaína, una de las actividades más rentables del criminal capitalismo global de las drogas.

¿A dónde va Bolivia, que es mi país, en manos de un sindicalista presidente de las poderosas 6 Federaciones de cocaleros y también presidente de la ex República, a la que mató formal y simbólicamente?¿A dónde va, si quienes leyeron 25 mil libros han creado el culto al caudillo ‘Evo’, han destruido las instituciones de la democracia y el Estado de Derecho para “robarle al alma a los k’haras”, según el ‘Vice’, y sin garantía democráticas hacerse de un poder totalitario, que garantice su reproducción política 50 años, como anuncian?

¿O leen en hojas de coca el mundo al revés que dejan a Bolivia en ridículo mundial, mientras vociferan su anticapitalismo y su revolución proletaria sin proletarios, sino dictadura de nueva elite en la política, en la económica, en la burocracia, y siempre demagoga y populista? No es exageración, hasta se podría pensar en una necesaria movilidad social, solo que en Bolivia estaría asentada en un delgado hilo entre lo formal-legal y lo informal-ilegal, a partir del tráfico no solo de cocaína –narcotráfico- sino del contrabando electrodomésticos, autos robados o no y además de toda clase de enseres.

¿A dónde va Bolivia sometida a la irracionalidad de los cocaleros, campesinos que cultivan la hoja de coca en el Chapare, propietarios de su parcela -de hecho pequeñoburgueses- el núcleo más duro de apoyo político a Morales, no en vano es su presidente hace casi 20 años? La coca que cultivan se destina totalmente a la economía política de la cocaína, de ahí la presión que ejercen sobre Morales para expandir la frontera agrícola de la coca. No importa si es a costa del Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), entre otros, violando la propia Constitución Política, que protege esos territorios y la adhesión de Bolivia al Convenio 169 de la OIT que exige la consulta previa para cualquier intervención en áreas de dominio indígena.

El autodeclarado indigenismo y amor a la Madre Tierra –Pachamamismo- de Morales desnudó su impostura en el caso TIPNIS, lo mismo que en la convocatoria a consulta póstuma, como le llaman ahora, cuando la carretera famosa que viola el territorio orignario está a punto de concluir, y solo faltan algo más de 60 kilómetros. Son esos los que pasan, precisamente por el núcleo del territorio indígena, donde además del interés de los cocaleros, existen intereses de empresas petroleras, agregado al rumor de que allí también hay uranio, como interés de iraníes que rondan Bolivia hace rato.

¿A dónde va esta Bolivia de heterogéneas realidades socioeconómicas, de diferencias étnico culturales mal articuladas, con tensiones e intolerancias sujetas a la añeja edad de los prejuicios, con problemas de integración interna y externa no resueltos, sin un proyecto de país o un plan de gobierno democrático, inclusivo hacia el futuro no como una vuelta al pasado atávico?

¿A dónde va sin una administración de justicia imparcial sino una judicialización de la política o politización de la justicia contra opositores y quienes piensan diferente, con perseguidos, presos, exiliados, muchos víctimas de un complot del gobierno contra Santa Cruz, que lo único que exigía era la implementación de una autonomía política departamental, sin dañar el sistema unitario?

¿A dónde va Bolivia, si el gobierno lleva más de 80 muertos de manera violenta, como las muertes extrajudiciales de los tres extranjeros acusados de conspiración terrorista-separatista, a manos de un grupo de elite? Según se ve en brutales imágenes, los mataron luego de haberlos torturados, uno de ellos con la manos atadas.
¿A dónde va Bolivia que aun tiene una economía primara exportadora, tras perder seis años de bonanza por los altísimos precios de materias primas y fallidos intentos nacionalista-estatistas industrializadores, pero dispondrá de $us 1200 millones de las reservas para crear más empresas estatales insolventes, como las otras, pero nuevas vías de corrupción, a costa de la seguridad alimentaria y otros emprendimientos productivos privados?

¿A dónde va Bolivia, sin economía productiva legal que genere empleo también productivo y estable, sin seguridad económica para inversores, pero acorralada por la economía política de la cocaína y el narcotráfico, la creciente ola delictiva y la inseguridad ciudadana, sin generación de empleo productivo y estable? En tanto, la informalidad económica ronda 80% de la población económicamente activa, sector donde las garras del narcotráfico hacen su labor de conquista, ya sea como ‘burritos’ transportadores, consumidores o nuevos ricos producto de la plata ilegal pero fácil?
Con MAS-Morales, Bolivia completará el ciclo de su destrucción.

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