ArtículosInicioSara Cuevas V.semana del 7 de MAYO al 13 de MAYO

EMPUÑANDO LA MANO IZQUIERDA Y GOBERNANDO CON LA DERECHA

La confusión creada por los discursos y las poses de quienes ofrecieron CAMBIO para los bolivianos, parece estar llegando a su fin. Y es que la ciudadanía, que apostaba a que la mentada transformación significara la construcción de una sociedad más democrática, con igualdad de oportunidades para todos, donde los esfuerzos se centrasen en la generación de empleo digno y permanente, se garantizara efectivamente el acceso a servicios públicos de calidad y donde se privilegiase la salud y la educación como pilares fundamentales del desarrollo, ya no puede ser más engañada. Las esperanzas de la construcción de una “nueva sociedad” en la que las élites gobernantes desterraran de sus prácticas la corrupción, el tráfico de influencias y el nepotismo, entre otras lacras, se transforman a pasos agigantados, en una gran frustración.

Ya no hay lugar para mayores simulaciones. Lo que estamos viviendo, muy lejos está de ser la solución para los problemas estructurales que azotan a Bolivia. Se está constituyendo una nueva casta, que lo que busca, no es otra cosa que la hegemonía exclusiva del poder político para su propio beneficio. Para concretar el plan, no existen reparos.

Son innumerables las protestas que emergen en todo el territorio nacional. El incremento de la conflictividad, bajo el gobierno del Presidente Evo Morales, ha alcanzado según estadísticas del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (CERES), un récord que supera todas las marcas en los últimos 42 años. Compromisos incumplidos, reivindicaciones postergadas y pisoteadas, irrespeto a la CPE del Estado Plurinacional, esperanzas burladas, inseguridad ciudadana en aumento, escamoteo al voto de la gente, ineficiencia, falta de respuesta a los problemas urgentes que afligen a los ciudadanos, abuso del poder político…,son algunas de sus causas.

Uno de los conflictos que puso en jaque al gobierno, vaya ironía, es precisamente el de uno de los sectores más renuentes a implementar “medidas de presión”. Los profesionales y trabajadores del sector salud soportaron hasta ahora, con admirable estoicismo, las carencias que tienen que enfrentar cotidianamente en el esfuerzo de cumplir, lo “mejor posible”, con su trabajo. Pero la tolerancia tiene un límite.

La paciencia se colmó cuando el gobierno intentó incrementar en 2 horas la jornada de trabajo, sin pago adicional ni incorporación a los beneficios que otorga la Ley General del Trabajo, desconociendo además la jornada laboral establecida desde el año 1970 y reconocida por un conjunto de normas legales en plena vigencia, no como un privilegio sino como una compensación ante la imposibilidad, por parte del Estado, de reconocer el trabajo en horario nocturno y días feriados.

Vaya contradicción, el gobierno que se dice ser de izquierda decide conculcar un derecho laboral vigente desde hace más de 40 años y, para imponer su arbitraria decisión, nada mejor que enfrentar a los que protestan con la más fiera represión. Intentaron acallar las voces de cientos de mandiles blancos con gases, laques y carros neptunos; organizaron contramarchas, pretendieron tomar los recintos hospitalarios, introdujeron informantes en las filas de los “adversarios”, hostigaron, amenazaron y amedrentaron.

Fue ese el ambiente en el que se “celebró” el Día del Trabajo. Mientras los asalariados y estudiantes, particularmente del sector salud, colmaban las calles al grito de “Salud o muerte…VENCEREMOS”, en Palacio de Gobierno en un acto deslucido entre funcionarios y algunos allegados, solitarios, protegidos, haciendo apología de aquellos que trabajan más de 8 hrs en una muestra de su compromiso con la patria, los actores principales intentaban relajar sus rostros crispados y disimular los gritos de protesta y la explosión de los petardos.
(07052012)

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