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DON ANTONIO VACA DÍEZ (1849-1897)

El miércoles pasado se ha hecho la presentación de la segunda edición del libro Antonio Vaca Díez. Genio industrial y geopolítico boliviano, de Arnaldo Lijerón Casanovas, editado por la Fundación Nova. Don Antonio Vaca Díez, que no llegó a los 50 años, tuvo una vida intensa y fructífera. Se formó académicamente como médico, profesión en la que destacó en su ejercicio y en la investigación científica de varias enfermedades. Como bien dice el Prof. Lijerón, una de las grandes pasiones de Vaca Díez fue el periodismo, que le ocupó una buena parte de su tiempo. Se dejó tentar por la política, en la que tuvo un pasó rápido, pero dejando una huella profunda. Respondiendo al llamado de la tierra fue defensor de la Amazonía, la que amaba profundamente, y, como obras son amores, el doctor Vaca Díez quiso llenar la selva y la llanura de caminos; exploró la tierra y puso su riqueza al servicio del hombre, convirtiéndose en un  gran industrial gomero. Además, según consta en su biografía, fue un buen esposo y un mejor padre.

Don Antonio Vaca Díez fue un hombre con una visión de país muy clara; un país que está formado por tierras altas y llanura; un país que debe mirar al Pacífico y al Atlántico. Lo demuestra con su pluma, a través de artículos periodísticos y proyectos de ley, así como con su actuación como explorador e industrial. Así, por ejemplo, en la “Gaceta del Norte” escribió: “Con los caminos vendrá la concurrencia del comercio estableciendo sus saludables prácticas del intercambio y ofreciendo trabajo. Por otra parte, y volviendo a la región del Noroeste, es urgente tomar posesión de territorios       que nos pertenecen y que siguiendo nuestra inercia llegaremos a perderlos, como otros muchos en épocas no muy lejanas. Estos territorios son extensos y ricos y actualmente están engrosando las rentas del vecino. Es preciso ocupar estos territorios, fundar puertos pidiendo de antemano la fijación de nuestros límites con el Brasil…” Asimismo, la lectura de la biografía de Antonio Vaca Díez, fruto del paciente trabajo de investigación del Prof. Lijerón, nos muestra al explorador  de una generosidad sin límites  que supo ver al otro, la otredad.

La figura de Antonio Vaca Díez desmiente rotundamente el estereotipo que se ha construido del hombre de la llanura. Vaca Díez no es sólo el médico que atiende enfermos, sino que también se preocupa por la investigación científica: no es solamente el político que se limita al cumplimiento de sus obligaciones como legislador, sino que va mucho más allá proponiendo leyes que van en beneficio de su región y del país;  tampoco es el simple periodista, sino es el fundador de periódicos y  el literato de pluma ágil y elegante en el que se notan las lecturas; y, finalmente,  no se trata de un simple explorador que va en busca de aventuras ni un industrial de la goma que sólo busca el beneficio personal, pues actúa como un verdadero antropólogo, lo que le da la capacidad de ver mejor al otro,  y, además aprendió de los europeos a ser un empresario con visión universal que busca el bien común.

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