ArtículosIniciosemana del 29 de ABRIL al 5 de MAYOTIPNISWinston Estremadoiro

DUALIDAD HIPÓCRITA Y LA TRAGICOMEDIA DEL TIPNIS

Coincidencia oportuna es empezar esta nota el 22 de Abril, cuando se celebra el Día Internacional de la Madre Tierra, la Pachamama a nombre de la cual llenan la boca, contaminan el aire con humo y leen en hojas de coca los sacerdotes de ritos dizque ancestrales, que agarran con kilos de la buena y en vez de largos años de prisión, quizá telefonea algún capo y aún ofician de clérigos pachamamistas, libres como el viento. Tal pensé enterándome de que el Gobierno labra una Ley Marco de Consulta a pueblos indígenas, que permita las actividades extractivas, hoy enfocadas a las petrolíferas pero luego, ojalá, extensivas a las mineras. Es parte, pensé, de meter la novillada al corral, luego de que la demagogia populista de las treinta y tantas republiquetas étnicas, abriera los ojos a la codicia chantajista de aldeas aledañas a reservas de gas y oro negro, cuando no a los ayllus vecinos a bolsones mineros que piensan que su extracción es cosa de dinamita, pico y pala.

Y vaya que tienen el revólver apuntado al Estado Plurinacional, que en su afán de cambiar todo de arriba hacia abajo, redactó Constitución y leyes condescendientes con un vulgo paupérrimo e ignorante, donde pululan los activistas ideológicos cual termitas en madera blanda. Ya dos proyectos, de ésos tarde, mal y nunca, cuando no roba pero hace, notorios en el régimen evista, han sido bloqueados por indígenas demandando compensación: las plantas separadoras de líquidos de Río Grande y Gran Chaco. Para no olvidar fogatas de villorrios ‘originarios’ que invaden instalaciones mineras, en especial de extranjeros: tienen el viento a favor de la xenofobia pueblerina.

Preocupa la dualidad hipócrita del Gobierno respecto a su política hacia los indígenas. No tanto los guaraníes, que resisten la influencia del Estado desde que llegaran a las arrugas andinas en busca de la ‘tierra del metal’ del orden social incaico. Hoy esgrimen los medios legales del Estado Plurinacional, para sonsacar ventajas materiales a predios de firmas petroleras que extraen gas natural de las profundidades. Tampoco abordo ‘nacionalidades’ en proceso de aculturación, que les hace tan ladinos como cualquier mestizo de las mayorías bolivianas. Menos todavía toco a los adulados del régimen, agrupados en falaces categorías de ‘originario-campesino’, que poco tienen de étnico y mucho de montonera politiquera.

Hablo de los indígenas del Tipnis. Las tres ‘nacionalidades’ indígenas que lo habitan –Yuracaré, Mojeño-Trinitario y Chimán– han eclosionado en media centena de comunidades, algunas de las cuales no existían hace un par de lustros. Tal vez buscaban la mítica “tierra sin mal” huyendo de expoliadores cambas o collas, a una región de refugio en el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro-Sécure.

La posesión es tres cuartos de la ley. Los cocaleros del Chapare primero invadieron el ‘polígono’, punta de lanza clavada en el corazón del Tipnis. El gobierno de Evo Morales, tal vez ávido de recursos para solventar medidas de “cambio”, luego ‘negoció’ la carretera asesina del Tipnis –la Villa Tunari-San Ignacio de Moxos– con matrera empresa brasileña (para colmo, bahiana, a mí que me gustan Caetano, Bethânia y mi musa Gal Costa).

Hasta el Defensor del Pueblo, sospechoso de tener puesta la rienda gubernamental, informó hace poco a sus pares latinoamericanos que la consulta en el Tipnis “no fue previa, libre e informada, porque se la realizó cuando ya existía un proyecto carretero en marcha”. La seguidilla de noticias sobre incursiones del Gobierno en tierra de indios, evoca a épocas descubridoras del Nuevo Mundo, cuando los hispanos trocaban trinquetes de vidrio por abalorios de metal precioso. Como cuando encostó la embarcación de la Armada Invencible en una aldea del Tipnis, y el adelantado, adivinen quién es, tuteando a un desaliñado pescador, preguntó por el Corregidor, que resultó ser el susodicho. Digan si la escena no cala en film sobre amos y vasallos.

Desconfía del que trae regalos y luego pide favores. Los espejitos y trinquetes de vidrio son los Bs 30 millones que dicen ya haber gastado en agradar a los indígenas del Tipnis, luego de que se declaró su intangibilidad, dudoso trabalenguas que lo mismo quiere decir preservar el Parque, que hambrear a sus familias al no poder llevar carne de monte, pescado y yuca sembrada a la mesa, que tampoco existirían porque no podrían cortar y tablear árboles. ¿Y si los Bs 300 millones que dicen invertirán en los próximos dos años en el Tipnis son parte del presupuesto para la campaña “Evo Presidente” el 2014? Quizá el “prometer, prometer hasta meter” es la versión criolla del “miente, miente, que algo queda” de Goebbels, propagandista de Hitler.

Es dependencia odiosa regalar motores de luz y más caballaje en hélices que propulsan “cascos” labrados de corpulentos árboles. Imagino a parabólicas y televisores del Tipnis enmohecidos porque en remotas comunidades no hay repuestos, ni el ‘know how’ para colocarlos. Formar mozuelas indígenas en el molde de modelos de pasarela, a lo menos que llevará es al cachascán de cholitas en El Alto, o a frondosos catálogos de servicios sexuales en Santa Cruz. Para turistas.

Sin caer a la quimera del buen salvaje rousseauniano, la cuestión de fondo puede ser ¿encajan la visión del “vivir bien” evista y el “erradicar la pobreza extrema” del desarrollismo, con una nueva forma de vida que los indígenas puedan enseñar a un mundo que se acerca peligrosamente al despeñadero?

(20130502)

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