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La banalidad del racismo

La banalidad del racismo

Me presto el título de una columna de Lúcia Guimarães en O Estado de Sao Paulo (se puede ver en mi sugieroleerblogspot.com), para hablar de un tema siempre presente en la historia desde la ya antigua diferenciación entre cromañones y neandertales. Valga referir que según últimos descubrimientos en España pareciera que los de Neandertal ya hacían representaciones de arte en las cavernas, lo que desmitificaría tantas ideas aceptadas como verdades de la superioridad de unos sobre los otros.

Guimarães cuenta de una periodista norteamericana en una fiesta de socialites con muy pocos negros invitados. La reportera se fijó en uno de ellos, aislado, y procedió a hablarle: senador por Illinois. Al salir, un conocido escritor se le acercó y le preguntó quién era el negro con el que hablaba, porque él creyó que se trataba de un garzón e iba a pedirle que le trajese una bebida. Era Barack Obama.

Soy un vicioso del cine, esa la palabra; si no veo al menos cinco filmes por semana me siento fracasado, en una especie de limbo de orfandad. Pues con tanto machacar este arte en mi cabeza, y leer además sobre él, creo que he formado criterios que si bien no especialmente brillantes al menos tienen sólida base referencial. Erudición para suplantar falencias de otra índole. Pues con este vicio a cuestas, cierta vez, decidí ir a las oficinas del Denver Internacional Film Festival, para averiguar acerca de afiches, películas, fechas, etc. Supuse que al menos iba a encontrar a alguien con quien entablar una jugosa charla del tema. Antes de ello, recogí una carta que llevaba en la mano para no perderla. Entré y observé a un grupo de intelectuales gringos en animada conversación. Me acerqué. Uno de ellos, barbado, sin duda buen hombre de izquierda, me miró, miró el sobre y me preguntó si era mandadero. Asumía que al ser latino no podía estar allí por otro asunto que no fuese de servicios.

Guimarães habla de los “buenos racistas”, de aquellos que niegan serlo y se justifican con el banal “tengo muchos amigos negros”. Dado el lugar en que me encontraba, centro de un festival de cine internacional, supongo que el idiota que sin querer me insultaba (por su concepto, no por la profesión de cartero), pertenecía a estos.

En otra ocasión, y siendo mi esposa asistente de maestra en las escuelas de Aurora, Colorado, fui a entregarle algo. Había que pasar por secretaría y explicar mi presencia. Indiqué que necesitaba ver a mi cónyuge. La mujer afroamericana a cargo preguntó, creo que sin mala intención, si ella trabajaba en la cocina. Reaccioné y le dije “qué le hace pensar, so tal, que mi mujer trabaja en la cocina”. El racismo latente allí no es drama exclusivo de un país calificado de racista por su oscura historia. Sucede en todos lados y cubre la pirámide humana de arriba abajo. Y está muy enraizado, incluso dentro de las víctimas. Vale leer Why Are All the Black Kids Sitting Together in the Cafeteria? (Beverly Daniel Tatum, Ph. D.), acerca de las barreras raciales y el espíritu de ghetto.

Bolivia ha sido y es tanto o más racista que los Estados Unidos. Drama que Evo Morales y la amalgama masista han sabido aprovechar bien a favor suyo, y en lugar de tratar de revertirlo lo ahondaron más con elementales fundamentos fascistas, muy similares a la prédica nacionalsocialista sobre la primacía de una raza sobre otra. Poco favor le han hecho a combatir una lacra que nos detiene en el tiempo.

El “indio”, en el país, es la maldición de la que todos quieren alejarse, incluido el presidente. “Blanquearse” se torna una obsesión, así el lavado de cal sea interno ya que no hay transplantes totales de piel.

La falsa retórica indigenista, acomplejada, defiende valores que nos legó la conquista: el chicote como el más claro ejemplo. Discurso que da pingües réditos a quienes lo exponen, y que permite a nombre de la tradición, un esputo multiforme que no hace referencia a ninguna cultura, a ninguna tradición. Y que aparte de oportunista es racista en esencia y obra.

21/07/13

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Publicado en El Día (Santa Cruz de la Sierra), 23/07/2013

Imagen: Anida Alí/Mistaken for Muslim, 2010

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