ArtículosInicioManfredo Kempff Suárezsemana del 15 de JULIO al 21 de JULIO

LA BOLIVIA QUE DEJARÁN

Cuando este Gobierno se marche (todos los gobiernos se van algún día) nos quedará una nación invertebrada, desarticulada, en una profunda crisis social, como temía Ortega de esa España del primer tercio del siglo pasado, que había perdido sus últimas posesiones de ultramar y que carecía de una clase dirigente lo suficientemente ensamblada como para remediar tanto desastre.

La relación de la España orteguiana con la Bolivia actual no es comparable porque existían circunstancias distintas, particulares de cada pueblo, aunque algunas como los regionalismos, el malestar social o el “imperio de las masas”, podrían asemejarse. Pero, de todos modos, la descomposición a la que se ha llegado en Bolivia (tan anunciada por el desaparecido Cayetano Llovet) es algo que debe inquietarnos mucho porque a este paso no va a quedar nación para gobernar.

Esto de “gobernar con el pueblo” que anuncia S.E. es el vértice donde se generan las más peligrosas perspectivas de la presente situación. No precisamente porque ahora se gobierne con el pueblo, sino porque el pueblo cree que está gobernando. Y como le han hecho creer que está gobernando se rebela si no se le hace caso a sus demandas y se insurrecciona exigiendo con violencia lo imposible o tomándolo por la fuerza.

Sabemos que eso de “gobernar con el pueblo” es una mentira, pero es una mentira que le sirve – y mucho – al gobierno actual. Nunca se le va a consultar al pueblo qué es lo que se debe hacer. Además, ¿cómo consultarle? ¿Con referendos permanentes? Ese pueblo tiene sus representantes en la Asamblea Legislativa, en las gobernaciones y en los municipios, que han ganado sus cargos por el voto o han sido puestos a viva fuerza por el oficialismo. Pero esas personas no gobiernan sino que obedecen cumplidamente todo lo que dice S.E.

Nos encontramos entonces en una encrucijada de la que nos lamentaremos después, porque hemos entrado en un sistema tramposo, donde el gobernante hace lo que quiere y dice hacerlo obedeciendo a las masas. No existe jamás una iniciativa popular que no esté previamente digitada desde el poder central. Los operadores políticos actúan en nombre del pueblo y de ahí surgen las iniciativas más inverosímiles.

Se ha convertido en una costumbre este sistema vicioso que reclama nacionalizaciones, dotación de tierras saneadas, construcción caminos a conveniencia, creación de universidades, de puentes a granel, de aeropuertos, nuevos sistemas educativos, solapadas leyes racistas, nuevos símbolos patrios, nuevas fechas de júbilo, y se alimentan los bloqueos, parapetos y trincheras en las carreteras, que, digitadas casi siempre desde arriba producen alborozo en las masas y curiosamente popularidad en el Gobierno. De ahí que resulta incomprensible cómo, luego de cada soberano disparate, cuando cualquier administración responsable tendría que hacer rodar cabezas, en Bolivia se lo festeja con música, baile y borrachera.

Esta política tiene un costo muy alto, porque para hacer creer al pueblo que gobierna, para convencerlo de que existe cambio y revolución, se gasta mucho dinero en farándula y propaganda y se invierte muy poco en producción; se incumplen las leyes que protegen al ciudadano y sólo se obedece lo que manda el poder; se impone el contrabando violento que destruye el comercio formal y se tolera la ampliación de cultivos de coca; se envilece la política y la función pública como una verdadera peste; la educación decae y se la acomoda al momento del cambio; se enseña una nueva historia mentirosa y preñada de resentimiento; se reemplazan los credos católicos por ritos de dudosa autenticidad ancestral; se utiliza la extorsión como método para destruir a los enemigos; se desprestigia la libertad de expresión y se castiga a quienes piensan de distinta manera; cunde la inseguridad ciudadana por la permisividad existente; se despiertan regionalismos que estaban dormidos.

Un ejemplo entre cientos que vemos cada mes, es el conflicto que acontece hoy en la región de San Julián, en Santa Cruz, donde se tiene bloqueada la carretera al Beni desde hace una semana porque algunos exaltados exigen la creación de la Facultad del Noreste, aunque con una idea confusa de lo que se quiere. San Julián no sólo es paso necesario al departamento beniano sino que a las ricas zonas agropecuarias de la Chiquitania cruceña. Pues estos aspirantes a universitarios, a futuros profesionales, en una absoluta demostración de barbarie, han golpeado sin piedad a la Policía, martirizan y extorsionan a viajeros y transportistas que quieren transitar, pero van a lograr, con seguridad, que la Universidad de Santa Cruz financie ese proyecto inservible.

A sujetos de esa naturaleza, que han anunciado una amenazante vigilia en torno a lo que decida el Consejo Universitario de la UGRM, en cualquier país civilizado no les levantarían una facultad sino un centro de rehabilitación. Eso vemos todos los días y es lo que perdurará en el país, en la Bolivia del cambio, salvo un milagro.

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