ArtículosIniciosemana del 5 de ENERO al 11 de ENEROSusana Seleme Antelo

De la libertad, la felicidad y el mal

“El desdén ante las perversidades puede costarnos hasta la vida. Convendría siempre percatarse de su presencia y enfrentarlas sin tibiezas.” (Revista PERCONTARI # 3)

A pesar de tantas felicitaciones en los inicios de este 2015, busco razones menos comunes para hacerlo. Razones las hay, desde luego, y varias. La primera, gozar de buenas condiciones de salud, a cualquier edad, lo que es privilegio de pocos por motivos diferentes, entre otras la pobreza que no deja recursos económicos para enfermedades prevenibles y tampoco para las demás. Ahí no conjugan ni felicidad ni libertad, pues muchos están acosados de necesidades materiales y sus derivados males.

Otra razón debió ser la esperanza de mejores días en los espacios de la vida personal y en los que se vive en sociedad, como  comunidad de intereses múltiples, donde juegan ideas, principios, valores, amores, afectos, muchos desafectos y otras mezquindades. Como las que sufren las personas hoy presas, perseguidas y en el exilio político por pensar diferente. En ese orden, haber creado un entramado jurídico con el propósito de reproducirse en el poder sin importar medios ni fines, como las “guillotinas judiciales” y procesos inventados contra la oposción política en Bolivia, atenta contra la democracia. Ésta, más allá de su contenido polisémico,  exige separación de poderes, institucionalidad democrática, construcción de ciudadanía y respeto a las diferencias entre otros requisitos. La apariencia de legalidad democrática del régimen de Evo Morales, se basa  solo porque convoca a elecciones periódicas que, como toda apariencia, está plagada de falsedades y ahíta de pulsiones autoritarias.

Una buena razón para felicitarnos, hubiese sido que el régimen decretara amnistía para los más  de mil exiliados políticos, entre ellos, los exministros de un  gobierno democrático (2002-2003) depuesto por una revuelta popular y algunos personajes de saco y corbata que hoy se hacen los giles. La acusación de ‘genocidio’ con la que el régimen pretende sentar en un banquillo a muchos de esos funcionarios, que nada tuvieron con la represión y las muertes, es  una ruindad política. Es ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, pues olvida los muchos muertos que carga en sus 9 años de ilegalidad autocrática con máscara de demócrata.  Para ello se ampara en procesos electorales, supeditados a un órgano electoral controlado por el poder político. Lo único que buscan con el voto clientelar es su reproducción en el poder “para toda la vida” como  afirma el propio Morales y por eso recurre a la vulgar frase  “le meto nomas, aunque sea ilegal”, como su tercera reelección el pasado octubre de 2014.

Por eso no se conmuve ante  la brutal represalia que inflingieron a los pueblos del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS) en la cuenca amazónica del rio Mamoré, en los departamentos de Beni y Cochabamba, en 2011.  Los indígenas se oponen a una carretera que destruirá su hábitat,  tras partirlo en dos, siendo uno de los mayores  reservorios de biodiversidad en el continente, para beneficio de cocaleros, contrabandistas, narcotraficates y afines ilegales. Tampoco se inmuta ante su montaje-complot,  llamado ‘terrorismo-separatismo’, contra la demanda de autonomía, sus líderes políticos y cívicos en el Oriente boliviano: Pando, Beni, Santa Cruz, y el sureño Tarija.  Pronto serán 6 años en los que 39 personas están sometidas a un juicio injusto que anula sus derechos y libertades civiles, sin que hubieran cometido delito alguno, incluído el exprefecto de Pando, Leopldo Fernández, preso desde hace 7 años sin juicio y sin sentencia, lo mismo que los exiliados.  El único caso de ‘terrorismo’ fue el terrorismo de Estado que el régimen aplicó, en abril de 2009,  con la ejecuciión extrajudicial de tres europeos.

La ley como instumento de dominación política

En lugar de un ordenamiento jurídico justo e imparcial que resguade los Derechos Humanos de los ciudadanos, la ley fue el instrumento para violarlos con el fin de sentar dominio socio-político, económico-territorial y étnico-cultural, en nombre del Socialismo del siglo XXI. Amparado en el, se sacrificó la totalidad como sintesis de múltiples determinaciones, entre ellas las libertades políticas, las garantías ciudadanas, la información independiente y el pensamiento crítico. La detención arbitraria y la persecución afectan, cuando no destruyen, la posibilidad de oposición y consolidación del campo político, ajeno a cualquier exclusión que impida la lucha por el poder en democracia.

En otras palabras, el campo y el espacio públicos  plurales, como un ámbito que se construye desde el diálogo y  la acción. Es decir, como juego político que siempre implica confrontación, negociación, diálogo, discusión y concesiones de ida y vuelta, para llegar a acuerdos por el interés superior de la sociedad, lejos de intereses particulares que lo afecten.  En tantos años del régimen autoritario de Morales, la ausencia de ese campo político y de ese espacio público para la participación ciudadana, restringidos hoy solo a los clientes corporativos del régimen, es una de sus tantas falencias político, jurídica y social.

Entre las apariencias que vive la democracia en Bolivia está la continuidad en el poder sin alternabilidad política,  por mucho que haya quienes sostienen que el ‘continuismo’ no la afecta. Reitero que el concepto de democracia requiere, entre otros conceptos, el respeto a las diferencias, a los Derechos Humanos a la alterabilidad política  y el rechazo a la infamia política. Y no olvido entre las infamias a los miles de exililiados de ambos géneros que en 9 años de increible bonanza económica -por los altos precios de materias primas exportables, siempre sin valor agregado, sin generacion de empleo productivo, seguro y digno- marcharon a Argentina, Chile, España, Estados Unidos y otras tierras, buscando mejores condiciones de vida.  Y lo hicieron porque eran parte de entre el 70-80 % de la población económicamete activa (PEA) que deambula en la informalidad como medio de subsistencia. Ellos se fueron, pero los índices de la infornalidad laboral en el país no ceden.

El paso del tiempo en estos años, con demasiado dinero en la esfera de la circulación, en la calle y el consumo, producto de la economía legal y la ilegal, parece haber tornado insensible a mucha gente  ante temas tan vitales. Como señala el editorial del número 3 de la revista de filosofía, PERCONTARI acerca de El mal: “El desdén ante las perversidades puede costarnos hasta la vida. Convendría siempre percatarse de su presencia y enfrentarlas sin tibiezas.”  (Santa Cruz de la Sierra, noviembre 2014). A saber, el mal pensado como problema político.

Cualesquiera hubiesen sido las buenas razones para felicitarnos, siempre se quedarán cortas cuando se recuerde a las personas privadas de libertad y en el exilio por razones políticas, tras haberles arrebatado “su personalidad jurídica”. Esa situacion lleva a la destrucción de los derechos del hombre, como prerrequisito para dominarle enteramente, según apuntó Hanna Arendt.

Seguiremos esperando la amnistía política y la restitución de los derechos de presos, perseguidos  y exiliados, que no es un indulto, pues en los casos mencionados  no hubo delito.  Por lo tanto, tampoco hay culpa alguna que se deba conmutar. Lo que se exige es amnistía política.

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