ArtículosInicioNino Gandarilla Guardiasemana del 15 de AGOSTO al 21 de AGOSTO

El padre de Bolivia

(Dedicado a los olvidados del 6 de agosto de 1825)

El padre de Bolivia fue Casimiro Olañeta… Conozcan a esta “ficha”; a este puerco de la política boliviana. Durante la guerra de la independencia lo vemos dando sus saltos ingeniosos, cuando en julio de 1923 le escribió a Bolivar diciéndole que era el poder detrás de su tío, el general realista Pedro Antonio de Olañeta, en momentos que los patriotas estaban en buena posición. “Casimiro Olañeta y Manuel María Urcullu estaban dispuestos a entonar canciones de gratitud a Bolívar, aunque no hacía mucho que Casimiro, defendiendo a Manuel María ante la Audiencia, habló de los ‘infames revolucionarios’y Urcullu estaba maldiciendo la causa patriota en todas partes…” (Charles Arnade).

Casi dos años después, cuando Sucre llega al Alto Perú, es recibido por Casimiro antes de cruzar el desaguadero… Preparaba su golpe más trascendente. Inicialmente el mariscal estaba entusiasmado con Olañeta; en una carta dirigida a Libertador Simón Bolívar el 3 de febrero de 1825 le dice: “A este don Olañeta, quien es un verdadero patriota, y parece como si tuviera talento, lo designaré como Auditor General del Ejército (…) En resumen lo trataré con toda distinción, puesto que además lo merece; me dicen que tiene influencia en toda la provincia…”

Esto escribía el gran Mariscal, mientras promovía la traición del doctor Olañeta a su tío el general Olañeta, olvidándose de un principio militar que sustentaba y que le comentó en otra carta al Libertador Bolívar: “Uno nunca debe confiar en un contingente que ha desertado”. Confió en uno que valía por varios contingentes de desertores.
Entonces Sucre comienza a oler la putrefacción en el Alto Perú y en una nota dirigida a Bolívar le dice: “Supongo que usted no querrá que yo quede tan mal en estos pueblos; en consecuencia no me exigirá que me quede aquí mientras suceden cosas que por una parte chocan a mi conciencia y que por otra comprometen mi palabra…”

El 6 de febrero, el guerrillero Lanza advirtió a Sucre sobre la personalidad de Casimiro Olañeta: “Este individuo, quien comprende la desesperada situación del general Olañeta, ha tenido la temeridad de desertar de su lado: como yo conozco su carácter y estoy totalmente convencido de la maldad de ambos… ” Luego agregaba: “me tomo la libertad de sugerir que usted envíe al doctor Olañeta a un país distante”. Dice Arnade que el Mariscal ignoró este oportuno consejo, porque subestimaba a Lanza.

Pasan los días y Olañeta ya se ha entendido con Sucre, entonces contrariando la voluntad del Libertador Bolívar deciden fundar una nueva República en el Alto Perú, sin la autorización de los demás congresos americanos ni del propio Libertador. Todo lo decide Olañeta a discreción y de acuerdo a intereses creados; Sucre, el tonto útil.
Por ejemplo, antes de decidir la incorporación de la quinta provincia en el decreto convocatorio de Sucre, Olañeta quiso disponer de Santa Cruz a su antojo. El parásito altoperuano fue acusado “de haber entrado en Montevideo en negociaciones con un agente brasileño con la intención de ofrecer la muy productiva parte oriental de Charcas al Imperio del Brasil” (Charles Arnade). El aludido, negó la acusación, como era su estilo, pese a que meses antes había admitido que en agosto de 1824 se había reunido en Montevideo con un agente brasileño. Desde el Alto Perú querían disponer de Santa Cruz, sin consultar a los cruceños, que durante siglos combatieron las invasiones bandeirantes y mantuvieron las fronteras intactas entre la corona española y la portuguesa.

En ese tiempo, el doctor Olañeta aún trabajaba para su tío el realista general Olañeta. “El dos caras patriota y realista realizó un juego: Casimiro como secretario de su tío, el comandante español en el Alto Perú, espiando para Arenales, Gobernador patriota de Salta, mientras José Mariano Serrano, el secretario y ayudante del gobernador Arenales, fue acusado de haber espiado para el general Olañeta…”. Estos dos nombres no hay que olvidarlos porque más adelante serán los padres de Bolivia y uno de ellos le hará la recepción al dos cara cruceño Vicente Seoane en la Asamblea “Deliberante”.

El general Olañeta había sido traicionado paulatinamente por sus aliados y fue asesinado en la batalla de Tumusla, en la que se batió frente a uno de sus traidores. Testigos afirmaron que se escuchó un solo disparo y Olañeta murió sin saber que el 28 de mayo de 1825 sería nombrado Virrey por parte de la corona. Arnade dice que a Olañeta le quedaban ya sólo dos caminos: “morir o entregarse por sí mismo a su amigo Arenales”. Decidió inmolarse. “Desde el río desaguadero a Chequelte el poderoso ejército de liberación no había disparado un solo tiro al enemigo. El ejército español se había desintegrado por sí mismo”.

Volvamos al año 1825. La soberana voluntad legal del pueblo había sido usurpada por el demagogo y el mariscal y usaron sus recursos para consolidar sus deseos. Santa Cruz tampoco había sido consultada, pero Sucre y Olañeta ya habían decidido por el Alto Perú y por Santa Cruz. Charles Arnade afirma que “la moderación y corrección de Sucre y la habilidad de Olañeta para intrigar, eran una perfecta combinación exitosa”. Para ese tiempo, la corrección de Sucre ya era sólo aparente, pues había enviado tropas a Santa Cruz para hacer la voluntad de Olañeta al margen de la voluntad de los cruceños.

Franz Michel afirma que “la logia patriótica era un apéndice de los Huaukes, que en aymara significa ‘hermanos’; el jefe de esta logia era José María Serrano y en ella participaban Leandro Uzin, Manuel María Urcullo, Antonio Vicente de Seoane, Vicente Caballero, los cuatro hermanos Moscoso y otros…”. Los dos caras “Casimiro Olañeta, José Mariano Serrano y Manuel María Urcullu, los prototipos de esta clase, vinieron a ser los líderes de la Asamblea” (Arnade).

Y Olañeta fundó Bolivia a su imagen y semejanza: “Treinta de los cuarenta y ocho diputados eran graduados en la Universidad de San Francisco” y “puede suponerse que de los diez y ocho diputados no graduados es posible que unos pocos también hubieran estudiado en la Universidad…” En medio de ella, dice Arnade, estuvieron “dos caras tales como Casimiro Olañeta, Manuel María Urcullu, Angel Mariano Moscoso y José Mariano Serrano. Casi todos los otros diputados eran gente oscura que era desconocida en los anales de la guerra de la independencia y quienes probablemente estaban subordinados a los deseos de los dos caras…” (Arnade).

Pese a los levantamientos militares en Santa Cruz, sofocados por las armas colombianas de Sucre, el Dr. Seoane, principal usurpador del sitial de los verdaderos patriotas cruceños, como el coronel José Manuel Mercado, se incorporó a la asamblea el mismo 6 de agosto por la tarde, sin contribuir ni deliberar nada y su amigo Vicente Caballero llegó recién el día 9, y lo hicieron firmar el acta.

Le pusieron el nombre del Libertador Bolívar en un acto adulón y de hipocresía… Tres años después Casimiro Olañeta maldecía: “Libre Bolivia de esa abominable dominación, ha nombrado su Gobierno Nacional y propio, resuelta a sostenerlo a toda costa. Ya no quiere ser el patrimonio de personas, la colonia de otro Estado Americano, la esclava de su política, el pedestal de sus aspiraciones y aborrece el título de Hija Querida”.

Daniel Pérez Velasco en “Andrés Ibáñez, caudillo del Oriente” sentenció: “De Olañeta prototipo del cholo azurro altoperuano a Urcullu y Serrano, sabían que siendo Sucre la Capital de la República, con este sistema unitario y representativo, falsamente ‘representativo’, todas las rentas públicas, debían centralizarse en un tesoro nacional, del cual podía echar mano, quien o quienes se apoderen del gobierno”.

Y el mariscal tuvo también su pago de traición: “Vuelto a Chuquisaca, Sucre fue sorprendido el 18 de abril de 1828 por una revuelta pretoriana a la cual no fueron ajenas ni las intrigas del demagogo boliviano Casimiro Olañeta, influido por Gamarra, ni las de Francisco Ignacio Bustos, ministro argentino en Bolivia …”. El Mariscal fue herido y cundió la anarquía.

Pero el gusano continuó “trabajando” y logró la confianza del presidente cruceño José Miguel de Velasco, quien asume uno de sus cuatro mandatos en enero de 1848. En su afán de estabilizar al país con medidas políticas, nombró ministros de estado al general Belzu y al doctor Casimiro Olañeta. Ambos ministros se ocuparon más de anarquizar el país que de hacer obra de gobierno.

Dice Vázquez Machicado: “Mientras el militar hacía ostentación de suavidad y espíritu conciliador, ganándose prosélitos, el abogado ordenaba prisiones y confinamientos”. El estilo democrático de Velasco no bastó para este sistema y fue derrocado en diciembre de 1848.

Gabriel René Moreno así describe al padre de Bolivia:
“Así como hay una República de Platón, existe una República de Olañeta, y como dice un francés con ufanía ‘la Francia de Luis XIV’, debe todo boliviano decir gimiendo ‘la Bolivia de Olañeta”.
“¿A qué clase, género o especie pertenece? ¿Quién ha podido nunca encontrar en la cabeza de este semihombre un conjunto tan asombroso de toda laya de extravagancias y absurdos?”.
“Para una República, un ignorante, y más todavía las colectividades ignorantes, son un peligro. Pero mayor peligro son todavía los letrados que razonan falsa o torcidamente”. (CASIMIRO OLAÑETA. Gabriel René Moreno).

Creo que con esto basta por hoy.

Rememoremos sin embargo a los OLVIDADOS DEL 6 DE AGOSTO, a los que murieron y a los que sobrevivieron; a los verdaderos patriotas altoperuanos y cruceños que, sin pedirlo ni saberlo, terminaron hermanados en una República que aún no termina de nacer, ni de corregir los errores de sus creadores.

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