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¿Vuelve el populismo?

Marcelo Ostria Trigo

Muchos creímos que el populismo en América Latina estaba en camino de desaparición. Parecía evidente el desencanto general con el fracasado Socialismo del Siglo XXI, adoptado por el chavismo en Venezuela y seguido, con variantes, por los países afiliados a la ALBA. Resaltan la terrible crisis que se desató en Venezuela, los magros resultados en el Ecuador que abandonó el modelo, la extrema violencia empleada por el régimen sandinista de Ortega y Murillo en Nicaragua y en Bolivia la ineficiencia, la corrupción y el afán del régimen de eternizarse en el poder. Todos con el ejemplo de la Cuba de los Castro.

Lo evidente es que hubo señales de retroceso de los simpatizantes del populismo: los Kirchner en la Argentina, e Inácio “Lula” da Silva y Dilma Rouseff en el Brasil, que tanto apoyaron el experimento chavista, perdieron el poder, y Ecuador, ya sin Correa, dejó atrás ese modelo; en Uruguay el izquierdista Frente Amplio que se resiste a condenar la barbarie venezolana y busca su cuarto período en el gobierno, ya no tiene el mismo respaldo de los últimos años. Otras señales del deterioro de esta corriente: El presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, logró el reconocimiento de medio centenar de países; se constituyó el Grupo de Lima con gobiernos que exigen al régimen de Nicolás Maduro, respeto a la ley, a las instituciones republicanas y a los derechos humanos. Es más, la representación de Venezuela en la OEA la ejerce un enviado del presidente Guaidó.

Pero el populismo insiste en recuperar lo perdido, y aún expandirse en el continente. Muestras de esto: en la Argentina el kirchnerismo tiene un nuevo candidato, pero con la señora en espera de una nueva oportunidad, y lidera las encuestas. En el Ecuador se desataron violentos disturbios que son alentados por nostálgicos y por Rafael Correa que, desde su refugio en Europa, pide nuevas elecciones y se ofrece como candidato presidencial. El presidente de México, López Obrador, pese a sus giros poco comprensibles, es cercano a los chavistas. Y en Bolivia, el régimen sigue en el empeño de eternizarse en el poder violando la Constitución y la voluntad ciudadana. Por supuesto que estos intentos no tienen asegurada su meta expansionista. Hay vastos sectores que defienden la vigencia de las libertades democráticas.

Como una nueva muestra del cínico empecinamiento populista, el régimen de Nicolás Maduro ha presentado la candidatura venezolana, nada menos que para integrar el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas; el organismo que cuenta con la Alta Comisionada que emitió un informe concluyente sobre los horrores de la represión política del régimen chavista.

El futuro político parece incierto, pero los pueblos saben que la libertad es irrenunciable.

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