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Encontrado un antiguo estado oculto bajo la selva del Amazonas

David Ruiz Marull

Bajo los bosques tropicales del sudeste asiático, África, Sri Lanka o América Central existen restos arqueológicos de centros urbanos de antiguas civilizaciones. Pero nada de eso se había encontrado nunca en la Amazonia Prehispánica. Hasta ahora. Un equipo de arqueólogos acaba de descubrir un denso sistema de asentamientos pertenecientes a la cultura Casarabe que incluye dos grandes ciudades.

Los investigadores han utilizado el sistema Lidar (rayos infrarrojos) para detectar y registrar paisajes modificados por humanos en el bosque-sabana de los Llanos de Mojos, en el norte de Bolivia. Escanearon hasta seis áreas distintas en el corazón de la cultura Casarabe, que se desarrolló entre los años 500 y 1400 después de Cristo.

“Hace tiempo que sospechamos que en los Llanos de Mojos bolivianos se encontraban algunas de las sociedades precolombinas más complejas de toda la cuenca amazónica. No somos los primeros. El explorador británico Percy Fawcett inició su búsqueda de la legendaria ciudad perdida de Z en Bolivia a principios del siglo XX, para desaparecer misteriosamente en la cabecera del río Xingu pocos años después”, explica el doctor Heiko Prümers, autor principal del estudio.

Los expertos documentaron 26 sitios, la mitad de los cuales eran desconocidos. Dos de estos, Cotoca y Landívar, eran claramente más grandes (315 y 147 hectáreas, respectivamente) que los asentamientos situados a su alrededor, lo que llevó a los especialistas del Instituto Arqueológico Alemán a deducir que había una jerarquía de hasta cuatro niveles entre los poblados.

En arqueología, un sistema jerárquico de cuatro niveles generalmente se asocia con un nivel de organización «estatal» altamente complejo con un sistema de clases socialmente estratificado, algo que hasta ahora no se creía que existiera en la Amazonia temprana.

Durante mucho tiempo se creyó que los suelos tropicales pobres en la antigua Amazonia restringían la densidad de población, lo que provocaba la creación de pequeños asentamientos y sistemas agrícolas y limitaba el desarrollo social.

Pero tanto Cotoca como Landívar se salen completamente de esta hipótesis. Ambas presentan detalles que apuntan a poblaciones densas, paisajes modulados por humanos, centros con arquitectura monumental y una jerarquía de asentamiento compleja que podría indicar sociedades «de nivel estatal».

Según explican los arqueólogos en un artículo publicado en la revista Nature, la escala de estos restos arquitectónicos, que incluyen pirámides cónicas que alguna vez se alzaron más de 20 metros sobre la sabana, “no se puede subestimar y está a la par con la de cualquier sociedad antigua”.

Todos los asentamientos descubiertos están incrustados en un entorno diseñado por humanos que incluye un sistema de control de agua ideado para maximizar los excedentes de alimentos para dar cobertura a las necesidades de la gran población Casarabe. Esta técnica permitía almacenar y desviar agua a través de canales, según la temporada y las necesidades de los agricultores.

Los embalses, además, podrían haber servido como estanques para peces, proporcionando un recurso crucial para la subsistencia. El área dominada por esta cultura, hasta donde se conoce en la actualidad, se extiende aproximadamente 4.500 km2 y una de sus grandes ciudades controlaba una zona de alrededor de 500 km2.

En esta parte del mundo, los edificios monumentales no se construyeron con piedra sino con tierra, que se erosiona fácilmente con el tiempo, especialmente en los trópicos. La arquitectura cívica y ceremonial de Cotoca y Landívar identificada con el Lidar se construyó sobre terrazas hechas por el hombre en las que se asientan estructuras en forma de U, montículos rectangulares y pirámides cónicas de hasta 21 metros de altura.

Estos grandes sitios representan nodos centrales que estaban conectados a sitios de menor rango por calzadas rectas y elevadas que se extendían a lo largo de varios kilómetros. La enorme infraestructura de gestión del agua completaba el sistema de asentamiento en un paisaje modificado por los humanos. “Este patrón de asentamiento representa un tipo de urbanismo de baja densidad conocido en otras zonas tropicales pero que no había sido descrito previamente en la Amazonía”, escriben los autores del estudio.

El cambio de paradigma al que llevan los descubrimientos Prümers y su equipo tienen un claro referente en las sociedades mayas de América Central. La ‘vieja ortodoxia’ apuntaba que esta cultura tropical era incapaz de soportar el tipo de urbanismo necesario para crear una civilización a gran escala. Esta visión, sin embargo, cambió gradualmente cuando se descubrió que, alrededor del año 1000 antes de Cristo, comenzaron a modificar su paisaje de forma que fueron capaces de generar excedentes masivos para sustentar grandes poblaciones.

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