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EL CABILDAZO

Para todos quienes han asistido a los cabildos cruceños desde las últimas décadas, el del domingo pasado, ha sido, con ventaja, el más grande de todos. Un verdadero “cabildazo”. Una incalculable marea humana de hombres y mujeres, de toda edad, en un ambiente bullicioso y colorido, se dieron cita a los pies del Cristo Redentor, ansiosos de conocer lo que debía hacerse por el mejor destino de su ciudad y su departamento.

Pese a que habían transcurrido 21 días de paro y que la gente podía estar empobrecida y agotada de tantos enfrentamientos y vigilias, la enorme concurrencia no dio señales de cansancio y los reclamos por la fecha del censo, fueron dando paso a otras demandas que tenían que ver con la invasión de masistas que digitó el Gobierno y de policías que, en centenares, llegaron de todas partes de la República, para repartir palo, gases,  puñetazos a granel, y miedo con motos y sirenas, como si se tratara de un ejército extranjero, que, en cierta forma, lo era. La gente, a garrotazos y patadas corrió a los masistas; y los policías, siempre parcializados con el MAS, no lograron su cometido de vencernos. Es de esperar que, luego de pasado el malestar reinante, regresen a sus lugares de origen y no los veamos más. No sea que quieran convertirse en interculturales agricultores y exijan tierras en Chiquitos como premio a su hazaña.

Los cercos que promocionó el MAS, alentados por el Gobierno y protegidos por la Policía, no tuvieron la fortaleza necesaria para dejar a la capital sin comida ni combustibles, que era su propósito canalla al mero estilo de Evo Morales. Montones de basura se apilaron por toda la ciudad con el deseo de cabrearnos y hacernos claudicar. Los sitiadores extremaron esfuerzos por todos los accesos para doblegar a una Santa Cruz que ya dejó de ser colonia de nadie, a la que querían “sentarle la mano” como en otros tiempos, pero fracasaron porque ahora el pueblito indómito de unos pocos miles de habitantes, se ha convertido en una urbe de dos millones que no se toma con unos cuantos delincuentes.

El cabildo, entonces, estaba con ese entusiasmo por la victoria, pero esos sentimientos también llevaban impregnado el olor a pólvora, pólvora de ruidosos petardos que no matan a nadie, afortunadamente. Como en todos los cabildos multitudinarios, las preguntas que hace el presidente del Comité Cívico o quien lo convoque, no oye la gente y esta vez no fue la excepción. Sin embargo, es indudable que el “¡Sí!” retumbó en todas las cuadras a la redonda. Era tan grande el “cabildazo” que la mayoría de los asistentes no tuvo opción ni siquiera para ver al presidente Rómulo Calvo en las pantallas, pero todos sabían que las preguntas se referían al encontronazo de Santa Cruz con el Gobierno. Era cosa de recordar el desprecio del presidente Arce hacia los cruceños, las mentiras de los ministros masistas sobre el censo, a los policías con fachas de RoboCop sembrando “pruebas” en jóvenes, para encarcelarlos. Entonces gritar afirmativamente el “¡Sí!”, fue rotundo.

Como en nuestro pueblo ha hecho carne la política, y la población sabe lo que es Santa Cruz y lo que necesita para su proyección futura, se presentaron algunas confusiones y malas interpretaciones, que debieron ser aclaradas, por Calvo, aunque no del todo. No gustó que no se mencionara el año 2023 como fecha para la realización del censo, pese a que quedaba establecido de que antes del 2025 se garantizara la aplicación económica y electoral de los datos de la gran encuesta. Pero, en lo que hace a la nueva relación de Santa Cruz con el Estado boliviano, quedó con sabor a poco o a nada, lo que la multitud esperaba sobre el destino de una Santa Cruz con mayor autonomía, o mejor federal, o con plena autodeterminación, o simplemente una Santa Cruz independiente. Esto, que es la opinión de muchos cruceños y que data de hace mucho tiempo, no se ajustaba a lo que trataría el cabildo y por tanto tampoco a una respuesta justa del Comité Cívico, porque no era cosa de bagatelas sino de asuntos extremadamente complejos.

Estos últimos días de corajudas batallas campales, sin muertos, pero con contusos (el Gobierno miente atribuyéndonos cuatro fallecidos), han servido para entender que estamos a merced de nosotros mismos, sin ayuda de nadie; que las fuerzas ocupantes del occidente, los RoboCop que manda el ministerio de Gobierno especialmente, se engolosinan encarcelando jóvenes que hasta hoy que se publica esta nota ya estarán en libertad; que, ciertamente, tiene que existir una nueva relación de Santa Cruz y los departamentos que deseen estar a nuestro lado, con el Estado Plurinacional, porque este centralismo ya es inaguantablemente abusivo; y que es necesario que exista, en los dirigentes cruceños, una mayor claridad en sus demandas y en lo que debe realizar nuestra bancada parlamentaria en la Asamblea, bancada que, por desgracia, no es muy grande ni políticamente homogénea.

 

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