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En defensa de las Juntas Vecinales

Por: Jesús de Castro

Fuente: El Matiner Carlí

Si como misión nos proponemos la defensa de los fueros universitarios y las libertades concretas, no es óbice para que tratemos lo concerniente a las Juntas Vecinales que vemos mermar por la labor acaparadora y totalitaria de un gobierno (de ocupación) centralista y liberal que viene a romper, como lleva haciendo desde la usurpación monárquica, con las libertades concretas que ligan al hombre con sus ancestros y su arraigo natural tomando forma en la propia ley natural hoy corrompida y desvirtuada en forma de llamados derechos humanos y libertad abstracta. Bien, así venía tal gobierno (de ocupación) el pasado 13 de junio con su ministro Cristóbal Montoro anunciando una reforma que implicaría el fin de las juntas vecinales, quedando los bienes de las pedanías absorbidos por los ayuntamientos. El gobierno (de ocupación) ha anunciado, con su ministro a la sazón, que tendrá preparada esta nueva ley antes de final de año.

Desde la AET queremos hacer ver que si el hombre unido a su familia forma la pedanía y el municipio, romper los lazos de la comunidad que une a cada hombre, a cada familia, con las demás en una continua convivencia y en el compartir un pasado común, una misma fe (recordamos que al pueblo español le ha unido y vivificado la unidad católica) y tradiciones comunes, separar al hombre de la comunidad en aras de un mayor aprovechamiento económico no es por un modelo económico meramente, sino antropológico o, en todo caso, un modelo económico contra natura que conduce a un modelo antropológico de la destrucción del hombre y de la comunidad. Si se ha gozado de libertades concretas hoy deformadas por las llamadas «libertades individuales», ha sido por la inextricable union del hombre a la ley natural y, así, a la comunidad. Hoy se nos presenta la ruptura del hombre con la comunidad, del hombre como individuo en abstracto y sin unos cuerpos intermedios que sean realmente los representantes del hombre y la comunidad ante un Leviathan cada vez mayor. Ante eso respondemos que no dejaremos de luchar desde las premisas del tradicionalismo hispánico por la comunidad, por las juntas vecinales de nuestras pedanías y municipios, por los cuerpos intermedios, esto es, por la unidad de las familias en la comunidad como base y fundamento del hombre y de la Cristiandad con la que se viene a romper desde las premisas revolucionarias que agostan el llamado bien común de lo que se llamó en un momento la res publica Christiana. Intentaremos, pues, por todos los medios que las juntas vecinales sigan existiendo y prestando como hasta ahora servicios imprescindibles. Al fin y a la postre, que todo lo que siempre ha pertenecido al pueblo, siga perteneciendo. Si el monstruo Leviathan con sus gobiernos de turno vienen (como hacen desde dos siglos atrás) a romper con la unión del hombre a su familia, a su pedanía, a su municipio, esto es, a la comunidad; el pueblo español, las familias, las comunidades universitarias, las juntas vecinales y todos aquellos cuerpos que forman la comunidad de los hombres verán en el tradicionalismo hispánico esa voz de denuncia y de reconstrucción de la comunidad derribada que se contempla en la noche. El principio de subsidiariedad es inseparable de la comunidad de los hombres o, si se prefiere, de la comunidad política, las libertades civiles del hombre en comunidad defendida por Juan B. VALLET DE GOYTISOLO como «sociedad de sociedades» integrada a través del principio de subsidiariedad, principio que se debe mantener en su integridad como fue cultivado y mantenido por la Cristiandad frente a la subsidiariedad individualista de Mastrique en palabras del Dr. AYUSO TORRES. Y es que con la defensa de las juntas vecinales y de los diferentes cuerpos intermedios venimos a decir y defender, con GALVAO DE SOUSA, que la sociedad ha de representarse en el Poder en su más amplia variedad sin ser sustituidas por los partidos políticos que hoy suplen la verdadera labor de los cuerpos intermedios nacidos espontáneamente de la sociedad pero rompiendo la independencia de éstos del Poder y deformando a su antojo los intereses de la sociedad para amoldarlos a los intereses partidistas que, a la postre, son los del Levithan y sus gobiernos de turno. Se viene así a invertir el sistema representativo, convirtiéndose los partidos políticos en las únicas formas de representación de la sociedad.

En la brecha de la defensa de tales cuerpos intermedios tomando forma en los fueros, juntas vecinales, comunidades universitarias (con los respectivos fueros universitarios) frente a la monopolización por los partidos revolucionarios y sus intereses estará la el tradicionalismo hispánico encarnado, especialmente en este campo, en la AET.

Jesús de Castro

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