
Señor alcalde:
Su apabullante victoria no debe leerse como un mero triunfo electoral, sino como un mandato ético: el de devolverle la dignidad a una urbe que ha crecido en cemento, pero que ha descuidado su espíritu. Los anteriores alcaldes creyeron que hacer obras y asfaltar era todo y lo hacían desde el primer día que tomaban posesión; se olvidaron del desarrollo humano. Administrar esta ciudad no es solo tapar baches; es sanar heridas sociales que el asfalto solo ocultó. Sea visionario y no siga en la lógica de que la gestión termina donde acaba el pavimento.
Alguna vez escribí que nuestra ciudad es una oruga en tránsito hacia su crisálida. Muda pieles, adopta colores, acumula edificios y nombres ajenos, mientras nuevos objetos y voces atraviesan calles abiertas en la penumbra del monte. Busca su forma definitiva y, cuando la halle, alzará vuelo en la geografía del país. Entretanto, devora a los nómadas urbanos: buscadores de alquileres, cuidadores de terrenos, loteadores de esperanza, inquilinos de cuartos mínimos a precios desproporcionados. Así la construimos: entre sueños que persisten y pesadillas heredadas, sostenidas en la memoria que aún habita los pilares y zaguanes de las viejas casonas. Usted, Mamén, puede convertirse en el alcalde que haga realidad esa transformación.
Reconozco el talento y capacidad de su equipo y, con respeto, le hago llegar algunas sugerencias para colaborar en la tarea común. Sé que, en estos días, muchos deben estar aconsejándole qué hacer y sé también que algunas de mis propuestas están en su programa de gobierno; sin embargo, pretendo hacerlo desde otra mirada, la de un ser humano que desea sentir orgullo de su ciudad. Lo hago, también, con el compromiso de alguien que eligió, hace más de treinta años, esta urbe para vivir, amar y trabajar. Y, por si acaso, no busco trabajo, lo tengo y me encanta lo que hago; así lo pueden confirmar los estudiantes de la universidad en la que enseño.
Su gestión en este 2026 se encuentra ante el espejo de la historia. Tiene la oportunidad de transformar el crecimiento cuantitativo en bienestar humano, de pasar de la estadística al abrazo. Los dos primeros años no haga obras grandes; ocúpese de la ciudad y su gente.
Como dice mi buen amigo José Luis Ballivián, debemos (hablo en plural) crear conciencia ciudadana. Sensibilizar a la población sobre su responsabilidad y el ejercicio consciente de su ciudadanía. Comprometa a las juntas vecinales, a las empresas públicas y privadas, haga campaña con las universidades para que los habitantes comprendamos que la ciudad es nuestro hogar y que debemos cuidarla. Siga el consejo de mi hijo Luis Antonio de hablar con los jóvenes, que asuman que la urbe es de ellos, que reconozcan el sentido de pertenencia; la ciudad es de todos, incluso de los que ya estamos en la sala de preembarque y por eso mismo queremos un espacio urbano con calidad de vida, seguridad, dignidad y sentido de comunidad. La ciudad no es un territorio, es una comunidad que se construye todos los días.
La ciudad está abandonada en todos los aspectos. Empecemos por lo más sencillo: Usted demostró que se puede ganar sin necesidad de transar con el abominable transporte público, perdido en el laberinto de sindicatos; exige una reordenación técnica, no política. La modernización de las rutas y el paso hacia las concesiones no deben ser a capricho de estos señores que se creen dueños de las calles; son horas de vida que le devolverá a las madres y a los padres que quieren llegar a comer con sus hijos.
Insisto en que no hay mantenimiento en los parques, alamedas y plazas (la plaza central es lamentable); no se realiza trabajo de jardinería y los juegos para niños y niñas están en mal estado. Un amigo, Juan Carlos Salame, ha plantado más árboles que las últimas gestiones.
El centro histórico está huérfano; la ciudad actual fue edificada con los impuestos de las personas que residían allí y, hoy en día, ya no es posible transitar por las aceras y calles elogiadas por nuestro poeta Raúl Otero Reiche. El centro es el corazón de la ciudad y está herido de muerte.
La basura no es solo un problema de las empresas de recojo: tiene que ver con la educación ciudadana que nos falta y mucho. Debemos indignarnos cuando alguien bota basura en las calles o parques. Solución: campañas desde los colegios.
La salud no puede seguir siendo un ejercicio de humillación. No es posible que, en la era de la inteligencia artificial, el ciudadano deba mendigar una ficha en la madrugada. Haga que los hospitales de segundo nivel sean socorros, no calvarios.
Como bien sabemos los que habitamos las palabras, la cultura no es un lujo, es el sistema inmunológico de la sociedad, es la condición para que conserve su espíritu. Se debe trabajar la cultura para que nos haga mejores seres humanos y no como un espectáculo. Está en sus manos hacer de las culturas que interactúan en nuestra ciudad un instrumento para imaginar un destino común y reconstruir el concepto de comunidad, sinónimo de ciudad.
Para que su gestión sea verdaderamente histórica, debe mirar hacia los distritos periféricos. Allí, la cultura debe ser la presencia que arrebate a nuestros jóvenes de las garras de la delincuencia. Los Centros Culturales de Distrito deben convertirse en semilleros de identidad en los que los jóvenes hagan suyo el barrio. Se debe apoyar a los centros culturales autogestionados, no solamente incluirlos en la agenda de diversiones.
Si bien se deben priorizar los valores identitarios, hay que hacerlo con un enfoque de interculturalidad crítica, orientado a reconocer a todos los habitantes como sujetos históricos, políticos, intelectuales y creadores contemporáneos, y no únicamente como portadores de expresiones rituales, artesanales o tradicionales. Recordemos que Santa Cruz es la ciudad más boliviana de Bolivia, boliviana en el sentido de que aquí viven la mayor cantidad de bolivianos de todo el país. Esta estrategia se aleja claramente de la folclorización, que se entiende como la simplificación de la cultura a imágenes fijas, exóticas o fuera de contexto. En cambio, promueve una comprensión histórica y contextualizada de sus saberes, recuerdos y prácticas culturales. Las culturas indígenas, por ejemplo, no pertenecen únicamente al pasado, sino que dialogan con la modernidad. Interpelan al Estado, al mercado y al capitalismo. Producen arte, pensamiento y política en el presente.
Hay que concientizar a la población de que las grandes ciudades se hacen con migrantes y por eso lo felicito por incluir en sus listas de concejales a una mujer de pollera, símbolo de la vestimenta de tierras altas, así como el tipoy es de nuestras mujeres.
No olvidemos que una sociedad que produce cultura es más crítica, empática y menos proclive a la intolerancia y la violencia. La cultura es el alma de una ciudad y el alma cruceña es diversa e inclusiva. Digitalice nuestra memoria, proteja nuestro patrimonio inmaterial y haga que el desarrollo dialogue con la tradición.
En la Secretaría de Cultura, sugiero que elija autoridades jóvenes; tiene a muchos actores y gestores culturales, quienes, además de las actividades rutinarias, deberán honrar las deudas de la anterior gestión y con eso le habrá devuelto la dignidad a los que trabajaron con la esperanza de ser reconocidos y fueron maltratados por reclamar.
Se debe proteger irrestricta y sin condiciones al cordón ecológico; expulse a quienes construyeron viviendas en la zona y recupere esos espacios. Lástima que fue un alcalde quien, en vez de protegerlo, construyó allá su quinta. Concientizar sobre el cordón visibilizará la necesidad de cuidar las áreas verdes que generarán aire limpio. Aquí debe primar la ética ecológica.
Los otros temas son los mismos de siempre: seguridad ciudadana, mantenimiento de los colegios, alumbrado público, mercados… Respecto a la lucha contra la corrupción, sé que será implacable.
Usted tiene el respaldo de los votos; ahora busque el respaldo del tiempo. El extraordinario y merecido apoyo de los habitantes de Santa Cruz de la Sierra a su candidatura lo ha convertido en el candidato con más votos de la historia de la democracia boliviana. Usted no le debe nada a ningún partido político, ni está comprometido con herencias caudillistas; su compromiso es con el pueblo que lo eligió, que espera que Santa Cruz de la Sierra encuentre por fin a alguien que la ame sin condiciones.
Gobierne para que, cuando se escriba la crónica de estos años, se diga que en los primeros años de su gestión la ciudad no solo se hizo más grande, sino que se hizo más humana. Es cierto que el 71 % que le dio la victoria ha hecho que la vara sea muy alta; sin embargo, el horizonte es nuestro y usted nos mostró que aún es posible soñar. ¿Podría usted hacerlo realidad?



