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Abascal Infante, Salvador (1910-2000)

Por: Austreberto Martínez Villegas

Abogado, político, editor, escritor e ideólogo del catolicismo conservador mexicano. Fue miembro de La Base y uno de los líderes más destacados del sinarquismo; editor en Jus y Tradición, y director de La Hoja de Combate.

Nació en Morelia, Michoacán, el 18 de mayo de 1910. Su familia era originaria de Valle de Santiago, Guanajuato; su madre fue Luz Infante y su padre Adalberto Abascal, quien des­de 1917, y durante la guerra cristera, fue un miembro destacado de la Unión de Católicos Mexicanos (La “U”) y cercano colaborador de Luis María Martínez, creador de la misma y futuro arzobispo de México. El matrimonio Abascal Infante descendía de familias de terratenientes, pero quedó empobrecido en buena medida por los efectos de la Revolución mexicana, y en 1915 se asentó de manera definitiva en la capital michoacana para buscar nuevas oportunidades.

Salvador Abascal Infante fue el cuarto de doce hijos, ingresó al Seminario de Morelia a los nueve años y a los quince abandonó los estudios clericales al determinar que no tenía vocación para el celibato. Continuó sus estudios profesionales en la Ciudad de México, en la Escuela Libre de Derecho, de donde se graduó en 1931 como abogado penalista. Después de unos meses de trabajar en el despacho jurídico de su padre, se desempeñó como juez de primera instancia en varios poblados del estado de Guerrero, entre éstos, Ayutla, Ometepec y Coyuca, pero fue destituido del cargo al parecer por obstaculizar los intereses de los caciques locales. Regresó a Morelia en 1933 donde instaló su propio despacho jurídico. Esta actividad la combinó con la labor docente en la Escuela Libre de Michoacán y en el Seminario de Morelia, donde presenció de primera mano los conflictos entre la jerarquía católica local y el gobernador Rafael Sánchez Tapia, factor que fortaleció su apego al catolicismo y su oposición al régimen posrevolucionario.

En 1935 intentó participar en un fallido levantamiento cristero auspiciado por lo que quedaba de la Liga Nacional de Defensa de la Libertad Religiosa (organización creada en 1925 y que después de los Arreglos de 1929 se opuso a ellos). Posteriormente ingresó a La Base e inició su militancia político-religiosa que lo llevó a ser activo propagador de esta organización en varios poblados de Michoacán y en el norte de México.

En 1937 participó en la fundación de la Unión Nacional Sinarquista (UNS), manejada en secreto por La Base, aunque tuvo un distanciamiento inicial con los líderes del naciente gru­po (José Antonio Urquiza, José Trueba y Manuel Zermeño). En mayo de 1938 encabezó un movimiento cívico en Villahermosa, Tabasco, con el fin de restablecer el culto católico en la entidad. Durante el gobierno de Tomás Garrido Canabal se habían impuesto políticas anticle­ricales y antirreligiosas, y éstas aún continuaban en el periodo del entonces gobernador Víctor Fernández Manero. Como consecuencia de esta acción, el prestigio de Salvador Abascal In­fante como líder católico aumentó y asesoró movilizaciones similares en Chiapas e Hidalgo.

En agosto de 1940 se convirtió en el jefe nacional de la UNS, después de haber cola­borado con Manuel Zermeño, su líder anterior. Abascal Infante impulsó un nuevo sistema organizativo y disciplinario en las manifestaciones públicas sinarquistas con lo cual se origi­nó el mito de que el sinarquismo era fascista. A nivel del ideario y del discurso, además de profundizar en los elementos católico-sociales y antimarxistas, promovió el hispanismo, el guadalupanismo, el culto a la bandera nacional, la veneración a los caídos del movimiento, el espíritu de sacrificio por la causa y la idea de que el sinarquista debía ser “mitad monje y mitad soldado”.

En diciembre de 1941 dejó la jefatura sinarquista y, seguido de un grupo de aproximadamente 400 militantes, fundó la colonia María Auxiliadora en el desierto de Baja California. Aunque Abascal tomó esta decisión, en parte impulsado de un idealismo utópico, es muy probable que también hayan influido las acciones de algunos eclesiásticos y consejeros de La Base, que veían necesario el alejamiento de un líder opuesto a los Estados Unidos en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. Además, para el modus vivendi entre la Iglesia y el Estado, convenía que el sinarquismo estuviera dirigido por un líder moderado como Ma­nuel Torres Bueno, su sucesor.

En la colonia María Auxiliadora trató de implantar una comunidad agrícola con base en las normas del catolicismo y en el espíritu de sacrificio sinarquista. Sin embargo, los apoyos económicos y materiales, que habían prometido los líderes de La Base y el gobierno federal, fueron otorgados de manera limitada; por otro lado, la mayoría de los colonos no se adaptaron a las condiciones adversas del clima ni a la pureza de vida que exigía su líder. En consecuencia, la colonia fracasó como poblado sinarquista y don Salvador regresó con su familia a la Ciudad de México en abril de 1944, después de recibir la recomendación de abandonar la jefatura de la colonia por medio, entre otros, de un emisario del ya arzobispo Luis María Martínez.

Decepcionado por la falta de apoyo a su proyecto de colonización y molesto por el rumbo moderado que había tomado el movimiento, manifestó su repudio a los entonces dirigentes de la UNS e hizo pública la existencia de La Base y el control que ésta ejercía sobre el sinarquismo, lo que provocó una profunda división en la organización y la salida masiva de militantes. Aunque Abascal intentó aglutinar a algunos de los líderes sinarquistas para corregir el rumbo del movimiento, sus esfuerzos no cristalizaron y abandonó definiti­vamente la organización.

Para ganarse la vida buscó empleo como profesor y mientras tanto se dedicó a la venta de casimires. Poco después Manuel Gómez Morín, presidente del Partido Acción Nacional (PAN) en ese momento, le ofreció trabajo como traductor del francés en la editorial Jus, que era de su propiedad, donde Abascal comenzó a laborar en 1945. Fue jefe de los departamentos técnico y de ventas; a partir de diciembre de 1948 tuvo a su cargo la gerencia, donde perma­neció hasta enero de 1972. Durante su gestión promovió la publicación de numerosas obras que expresaban el punto de vista de la historiografía conservadora.

En 1967 comenzó a editar La Hoja de Combate, boletín mensual que publicaba artículos críticos al progresismo religioso posterior al Concilio Vaticano II.

En 1972 Abascal dejó la editorial Jus por no estar de acuerdo en la publicación de obras que difundían el progresismo católico y poco después fundó la editorial Tradición, donde prosiguió con su labor de difusión de la historiografía conservadora, a la que se agregaron la filosofía tomista, la denuncia contra el comunismo y la masonería, además de libros de su propia autoría. Otro aspecto de su labor editorial en Tradición fue su trabajo como traductor de varias obras de Santo Tomás de Aquino nunca publicadas en español, así como de diversas obras tomistas de autores franceses.

Salvador Abascal Infante se casó con Guadalupe Carranza y tuvo once hijos, entre los que destacan Carlos Abascal Carranza, quien en el gabinete de Vicente Fox se desempeñó como secretario del Trabajo y Previsión Social, y secretario de Gobernación; Salvador Abas­cal Carranza, exdiputado panista; y José María Abascal Carranza, quien conserva con mayor apego el legado ideológico de su padre y es a la fecha director de Editorial Tradición.

Abascal Infante murió el 29 de marzo de 2000 en su hogar en la Ciudad de México, como consecuencia de una caída casi a la edad de 90 años. Las obras de su autoría son las siguientes: La secta socialista en México (1971), En legítima defensa y más en defensa del Papado (1973), Contra herejes y cismáticos (1973), La reconquista espiritual de Tabasco en 1938 (1973), La revolución antimexicana (1978), El Papa nunca ha sido ni será hereje (1979), Mis recuerdos. Sinarquismo y Colonia María Auxiliadora (1980), La Constitución de 1917 destructora de la na­ción (1982), Madero: dictador infortunado (1983), La Revolución de la Reforma de 1833 a 1848 (1983), Juárez marxista 1848-1872 (1984), Tomás Garrido Canabal: Sin Dios, sin curas, sin igle­sias (1986), Lázaro Cárdenas: presidente comunista (en 2 volúmenes) (1988-1989), La Revolu­ción Mundial, de Herodes a Bush (1991), La espada y la cruz de la evangelización (1993), Enrique Krauze ¿Historiador? (1993), La pena de muerte (1993), La verdad sobre Chiapas y el comandante Samuel (1994), El cura Hidalgo de rodillas (1996), La Inquisición en Hispanoamérica (1997) y El matrimonio a la luz de la Ley Natural y de la Revelación (1998).

Austreberto Martínez Villegas

Fuentes: Abascal Infante, Salvador, Mis recuerdos: Sinarquismo y Colonia María Auxiliadora, México, Tradición, 1980; Castillo Murillo, David Benjamín, “A la extrema derecha del con­servadurismo mexicano: el caso de Salvador Abascal y Salvador Borrego”, tesis inédita de doctorado en historiografía por la Universidad Autónoma Metropolitana, Azcapotzalco, 2012; González Ruiz, Edgar, Los Abascal. Conservadores a ultranza, México, Grijalbo, 2002; Ruiz-Ve­lasco Barba, Rodrigo, Salvador Abascal: el mexicano que desafió a la Revolución, México, Rosa María Porrúa, 2014; Serrano Álvarez, Pablo, “El ritual de un sacerdote sinarquista: Salvador Abascal”, en Martínez Assad, Carlos (coord.), A Dios lo que es de Dios. La influencia del clero en la vida social y política de México, México, Aguilar Nuevo Siglo, 1995, pp. 395-416.

Fuente: AA. VV: Diccionario de protagonistas del mundo católico en México. siglo XX. Universidad Autónoma Metropolitana de México. México DF, 2021. Pp. 20-23.

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