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Tiananmen: 25 años después China sigue siendo peligrosamente impredecible

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Mientras China parece estar enfrentándose a muchos de sus vecinos de manera simultánea, los analistas y observadores expresan su creciente inquietud por la impredecibilidad de los líderes chinos y se lamentan por la falta de transparencia en el proceso de toma de decisiones chino.

Dean Cheng

Los titulares y las noticias que aparecen a diario sugieren un continuo deterioro de la situación en el este de Asia: “Aumentan las tensiones por el hundimiento de varios pesqueros”, “Vietnam dice que China atacó a 4 barcos en las aguas en disputa”, “Cazas chinos se rozan ‘peligrosamente’ con aviones japoneses”.

Mientras China parece estar enfrentándose a muchos de sus vecinos de manera simultánea, los analistas y observadores expresan su creciente inquietud por la impredecibilidad de los líderes chinos y se lamentan por la falta de transparencia en el proceso de toma de decisiones chino.

Pero ni la falta de transparencia ni esa impredecibilidad debieran suponer una sorpresa. De hecho, como se reflejó en la masacre de Tiananmen hace un cuarto de siglo, la capacidad de predecir las acciones chinas, mucho menos comprender el funcionamiento interno del poder en China, ha sido un objetivo irreal.

Hasta los sucesos de Tiananmen, existió la creencia de que era posible entender los movimientos de China, pues estaba siguiendo un camino bien conocido. Cuando la política de Reforma y Apertura de Deng Xiaoping dio sus frutos, la actividad económica se expandió y a continuación se produjo una salida de la pobreza sin precedentes de parte de su población. Las expectativas no eran sólo que China se hiciese más rica, sino que también trataría de llevar a cabo, de manera inevitable, las consiguientes reformas políticas, al igual que Japón,

Corea del Sur y Taiwán estaban avanzando hacia una mayor democracia. Además, los importantísimos acontecimientos de Europa del Este parecían presagiar un movimiento global hacia la democracia.
Los sucesos del 4 de junio de 1989 demostraron que ése no iba a ser el caso. Por el contrario, los principales líderes chinos autorizaron al Ejército Popular de Liberación (PLA) a desalojar por la fuerza la plaza de Tiananmen. El PLA, traicionando su nombre y sus tradicionales vínculos con la población, demostró su lealtad como ejército del Partido y obedeció sus órdenes.

Escenas similares se repitieron por toda China, cuando se produjeron represiones simultáneas contra otros manifestantes. El futuro líder político Hu Jintao posiblemente cimentó su posición al respaldar de inmediato la represión (que pudo haber tenido su modelo previo en la propia represión llevada a cabo por él en 1989 contra los manifestantes tibetanos).

En las siguientes dos décadas y media, la economía de China creció sustancialmente, hasta convertirse en la segunda mayor del mundo. China es el primer Estado en términos comerciales, sobrepasando incluso a Estados Unidos, y bien puede llegar a ser la mayor economía del mundo dentro de unos cuantos años. El PLA, encargado de conservar el papel continuista del Partido Comunista como parte de sus “nuevas misiones históricas”, ha visto cómo se ha duplicado y vuelto a duplicar su presupuesto mientras su armamento se modernizaba y su personal disfrutaba de mejores sueldos y beneficios. El aparato de seguridad interna (incluida la Policía Armada Popular) se ha beneficiado igualmente de la generosidad del gobierno central, en parte para poder abordar el creciente malestar interno.

Este último aspecto probablemente se deba en parte a la falta de reformas políticas, que tienen pocas posibilidades de resurgir con Xi Jinping. De hecho, en los discursos pronunciados justo después de asumir el cargo de secretario general del Partido, Xi dejó claro que el Partido debe seguir siendo un elemento primordial (y que las fuerzas armadas deben seguir siendo el brazo armado del Partido). Entre tanta impredecibilidad que afecta a nuestra comprensión de China, ésta parece ser la única certeza.

Publicado en Libertad.org

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