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Austeridad, por favor

Susana Seleme Antelo

“Si queremos mejores gobernantes tendremos que aprender a pedir más de ellos y menos para nosotros. Un poco de austeridad estaría bien”

Tony Judt

Sí, un poco, algo, alguna muestra de austeridad le vendría muy bien a toda la sociedad boliviana, porque frente al despilfarro, desperdicio y malgasto de los hiperprecios de materias primas ¡ya estamos hartos! Nos sentimos degradados en nuestra ciudadanía responsable y comprometida con el presente y el futuro del país.

Austeridad, por favor, porque llegó la época de las vacas flacas, solo amortiguada por el contrabando y el narcotráfico creciente, que a su vez acarrean la decadencia de valores humanos, de decencia, de convivencia democrática, de respeto a las diferencias y a las tantas ‘otredades’ que habitan en Bolivia, con necesidades básicas elementales, tiradas al basurero del olvido. O peor aún, dejadas a merced de depredadores y oportunistas cobijados en el populismo y la demagogia.

Frente a la ingente cantidad de dinero que entró a las arcas del Estado, durante 10 años, Bolivia sigue ocupando los últimos lugares de Desarrollo Humano sustentable. Vale decir, educación, salud, trabajo estable con cobertura social, respeto a derechos humanos y a oportunidades vitales como seguridad ciudadana, solidaridad y libertad.

Y no olvidamos la indefensión frente al abuso y ultraje personales y colectivos del poder político que concentra todos los poderes del Estado-gobierno, con sus mandamases ambiciosos y aplatanados burgueses, que creen que un devaluado Doctor Honoris Causa, los salva de sus estropicios. Como el generado por las regalías de Incahuasi, que enfrenta a dos regiones, porque quienes nos gobierna solo sobreviven con el conflicto. Ya lo dijo el Vice: “La lucha es mi descanso… me rejuvenezco y me fortalezco en la lucha. Cuando las cosas se ponen más o menos estables y demasiado administrativas, ahí sí que me asfixio.”

Algunos estudios señalan que a la autocracia y la cleptocracia en América Latina, se ha sumado la ineptocracia. Su definición parece certera, aunque está inspirada en Ayn Rand, rusa/estadounidense, filósofa, novelista, que elevó el individualismo a la categoría de fe religiosa y concedió licencia moral al egoísmo más crudo, de ahí su censura al altruismo y al socialismo. La ineptocracia ‘es el sistema de gobierno en el que los menos capaces para dirigir un gobierno, son elegidos por los menos capaces para producir y donde los miembros de la sociedad menos propensos a sostenerse a sí mismos o a tener éxito en la vida, son recompensados con bienes y servicios pagados con los bienes confiscados a un reducido número de productores.’ Rand es autora preferida de una parte importante de la derecha norteamericana y varios de sus más devotos seguidores están en el Gobierno de Trump. ¡Vaya, en mis antípodas!

No obstante, su definición es cercana a la realidad boliviana, quebrada por Morales y sus hombres que pelean con garras los primeros lugares en corrupción abierta y encubierta, ineficiencia en la gestión pública, ya porque no hubo ni estudio ni buen diseño de obras, ni licitaciones transparentes, la mayoría por invitación directa. O por la torpeza de sembrar canchas de pasto sintético para miles donde no hay gente, o la supuesta ‘casa del pueblo’ con 27 pisos, sauna, jacuzzi, hidromasaje, gimnasio, helipuerto y otros lujos de nuevo rico, cuando hay mucha gente que no tiene agua ni para lavarse las manos y tampoco goza de sanitarios ni alcantarillas. O por la ostentación de mega obras millonarias que no funcionan y son elefantes blancos como un nuevo ministerio de economía, o porque no hay materia prima para producir, o ferrocarril para transportar el producto, ni pasajeros en un moderno aeropuerto, cercano a Chapare, el santuario de la coca-cocaína. Ahí donde reina Morales. A cambio de pasajeros, quizás transportan otro tipo de carga.

Evo Morales y sus adláteres, ineptos para administrar la cosa pública, creyeron que “llegaron para quedarse” como señores patrimonialistas y patriarcales, amos de vidas y haciendas, que les permite hacer de su capa un sayo con lo ajeno: los dineros de la sociedad y el de los capitalistas.

La verdad es que ya estamos hartos de que crean que en Bolivia somos cretinos. Y que por mucho que se autocalifiquen demócratas, no lo son ni por origen ni por práctica. Y tampoco de izquierda, la decente que rescata los valores democráticos, no la izquierda impune, impostora y festiva que dice que leyó a Marx y a otros, pero no entendió ni zape, se hizo rica de la noche a la mañana, y resultó más toxica que la peor derecha.

A falta de la ideología como elemento de contraste entre partidos políticos y ciudadanos de un sistema democrático, Morales y los suyos prefieren el ‘partido único’. Por eso se refugian en el clientelismo ventajista y abusivo, que ofrece “estabilidad” a cambio de coartar la libertad de pensar, discernir y criticar.

No habrá una buena redistribución del excedente sin austeridad, que solo podrá partir de una participación igualitaria que atribuya el mismo valor a todas las personas, como un derecho en el proceso de interacción social.

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