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Almagro y la mala espina

Manfredo Kempff Suárez

Muy mala espina provoca la visita al Chapare del secretario general de la OEA, Luis Almagro. Mala espina porque si viene a observar “los avances del país en la lucha contra el narcotráfico”, quiere decir que todo ya está pactado con el régimen. Sabe Almagro que casi se ha duplicado la producción de coca en Bolivia, conoce de memoria que el narcotráfico está en plena expansión, y no puede ignorar los últimos escándalos de los narcos que han penetrado en la judicatura nacional y en la Policía.

Ir al Chapare un día antes de la proclamación inconstitucional de S.E. a su cuarta candidatura consecutiva, es vergonzoso, causa repulsión. Sí, causa rechazo, porque el señor Almagro fue un defensor de los resultados del 21-F en Bolivia y de su democracia; expresó que, conforme al dictamen de la Comisión de Venecia, la reelección, como se da en nuestro país, no es un derecho humano. Por esa interpretación correcta recibió los ataques más duros de S.E. y de los jefes masistas, como solo ellos saben hacerlo. Y de pronto, sorprendiendo a todos, nada menos que en la 73 Asamblea de Naciones Unidas, dijo que S.E. era un “adalid” de la equidad social, alabando la estabilidad política, social y el crecimiento económico en Bolivia. ¿Qué le sucedió? ¿Quién lo mimó o lo asustó tanto?

Comprenderá el señor Almagro que no podemos menos que sospechar de su conducta. Aquí hay gato encerrado y lo vamos a descubrir. ¿Tal vez buscará un apoyo para su reelección en el organismo? Porque no puede venir el secretario general de la OEA a ensalzar con su presencia una acción reñida con la democracia, como es la proclamación de S.E. este sábado. Ni tampoco bendecir los presuntos avances de Bolivia en la lucha contra el narcotráfico. Está metiendo sus narices en la política interna nacional, para abrirle camino a una dictadura que ya no tiene vergüenza de mostrar su rostro más feo y está siendo partícipe de un deplorable celestinazgo con el narcotráfico.

Esto lo escribo el día jueves, cuando se dice que el señor Almagro va a recibir a los líderes de la oposición que le han solicitado audiencia. Seguramente que ya tendrá su libreto listo para decirles que no se preocupen, que la OEA velará para que las elecciones presidenciales de octubre sean “las más limpias de la historia”. No es así; no se trata de tranquilizar a los opositores con si habrá fraude o no. Aquí lo único que importa es que S.E. está inhabilitado constitucionalmente para ser candidato y refrendado ese mandato por un referéndum que él mismo, el señor Almagro, defendió.

Las contradicciones en que incurre este funcionario son de no creer. Deplora a Maduro por abusivo y déspota; censura las artimañas políticas de Ortega y su mujer; similar actitud  tiene con Cuba. Y resulta que aparece ahora como quien avala la honestidad política de S.E., el gran aliado y admirador de Maduro, Ortega y Díaz-Canel, provocando una gran confusión hasta en el propio seno de la OEA.

¿Por qué no se habrá levantado una voz autorizada del tan mentado Grupo de Lima a través de sus embajadores en la OEA contra la visita de Almagro a Bolivia? ¿Acaso porque se han reunido para desalojar a Maduro del poder van a ser dóciles con este funcionario a sueldo  que pone a la organización en tan mal pie? Es que el Grupo de Lima ha demostrado ser un club de timoratos, expertos en redactar notas y twitters insulsos, que le provocan hilaridad a Maduro y desolación a Guaidó.

No abrigamos ninguna buena noticia con el arribo de Almagro a Bolivia. Ir al Chapare, además, es ofensivo para quienes repudian el narcotráfico y la candidatura inmoral a la primera magistratura, nada menos que del presidente de las seis federaciones de cocaleros del trópico cochabambino.

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