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Las epifanías de febrero

Susana Seleme Antelo

Epifanía: manifestación, aparición o revelación.
Celebración católica por la revelación que tuvieron los Reyes Magos por el nacimiento de Jesús. RAE

Si la epifanía es la aparición de pensamientos únicos y reveladores, en Santa Cruz, algunas confluyen en febrero: 26, 14, 21. Son las revelaciones que alumbran desde antaño al hogaño y se proyectan al futuro.

Primera epifanía: 26 de febrero de 1561 la fundación de Santa Cruz por Ñuflo de Chávez, allá en Santa Cruz la Vieja, en Chiquitos, la cuna de la cruceñidad, desde donde nace nuestra cultura, la mestiza, entre los pueblos originarios que habitaban estas tierras y los conquistadores españoles. El historiador Alcides Parejas Moreno apunta a que los recién llegados crearon una “cultura de fronterafundamentalmente española y cristiana, y para sobrevivir tomó elementos de la cultura indígena: la cultura conquistadora se hacía mestiza, se hacía cruceña”.

No encontraron ni oro, ni plata, ni metal alguno, pero la consigna de Chávez, “Poblar y desencantar la tierra”, se hizo realidad gracias a la tierra, que desde entonces se cuida, se siembra, produce, se llena de frutos y de gente, crea riqueza y se redistribuye.

Segunda epifanía: 14 de febrero de 1825 la independencia de Santa Cruz.  Sí, independencia que cerró con broche de oro el primer grito libertario del 24 de septiembre de 1810. Esa independencia fue opacada por la idea de ‘la unidad nacional por decreto’, adoptada en agosto del mismo año y que impuso el ser minero centralista andino a la recién creada Bolivia. Se desecharon otras realidades, regiones e identidades, y se consumó la impotencia estatal para contener a la nación diversa, multi y pluri que fuimos siempre y seguimos siendo.

A 197 años, celebramos la victoria de José Manuel Mercado, ‘el Colorao Mercado’, sobre el realista Francisco Xavier de Aguilera, quien desde 1816, dominaba gran parte de este territorio, salvo la región de Cordillera que estuvo todos esos años en permanente lucha contra el poder colonial, gracias al patriota coronel Mercado.

El cruceño de entonces, como escribió el Dr. Aquiles Gómez *, “soñó siempre ver a su Republiqueta libre de toda traba indecisa…” Se refería alos acomodaticios deliberantes de Charcas”. La historiadora Paula Peña explica el intríngulis con certero análisis político. “En 1824, la Audiencia de Charcas, estaba dividida en dos grandes zonas, el Alto Perú bajo el dominio del general Olañeta y Santa Cruz de la Sierra, dominada por el Gral. Aguilera, ambos realistas, pero enemigos del Virrey del Perú, Laserna. En agosto de ese año, Bolívar derrotó a parte de sus tropas en Junín. Pero la derrota definitiva de Laserna la realizó el Mariscal Antonio José de Sucre, el 9 de diciembre en la batalla de Ayacucho” (El Deber 14/2/2021).

Tercera epifanía: 21 de febrero de 2016, con su magnífico NO, pronunciándose y retumbando en toda Bolivia, en un acto de rebelión democrática contra el cocalero populista, que cultiva la hoja de coca, materia prima de la cocaína. Bolivia le dijo NO porque él quería quedarse ejerciendo un poder omnímodo toda la vida. Por los entresijos de la política, lo seguimos sufriendo a través de su sucesor y su partido. Todos autoritarios y con el poder punitivo en ristre, pues pretenden partido único y pensamiento acrítico: desechan la convivencia democrática entre diferentes, solo con sus afines. Los “otros”, es decir nosotros, somos descartables.

Desde hace 197 años seguimos reclamando esa independencia, que ya llamamos autonomía o federalismo, que no son separatismos, sino unidad en la diversidad como síntesis de múltiples determinaciones. Ese deseo de independencia es, como decía Sergio Antelo, “el amor supremo a lo nuestro”, a nuestros orígenes, a esta tierra generosa, que terminó siendo el ‘Dorado’ que buscaban los conquistadores y hoy para toda Bolivia, pues aquí se produce 70 % de los alimentos que consume el país.

El mes de febrero es la epifanía de esas revelaciones fundacionales.  Son fechas históricas que señalan nuestrto  hilo conductor filosófico, histórico, político  y cultural. Revelan la esencia y naturaleza de la construcción de la identidad mestiza que contiene el carácter “levantisco”, poco amigo de las órdenes, como lo calificaron las autoridades de Charcas en siglo XVI, que Alcides Parejas Moreno leyó y estudió en el Archivo de Indias.

El amor a esta tierra no es desamor a los otros, sino respeto por ellos, por sus territorios, orígenes e identidades. También por los nuestros y por nosotros.  Respeto por la tierra y el territorio de los indígenas y sus habitantes más antiguos y presentes, desdeñados antes y ahora. Respeto por lo que fuimos y somos con esfuerzos propios y también ajenos. Con utopías como los igualitarios de Andrés Ibáñez.  Con inteligencia y visión de futuro de los preclaros cruceños que escribieron el Memorándum de 1904, que previeron los peligros que acechaban al país, mientras reclamaban ser parte plena de un Estado que tenía al Oriente marginado. Por eso pedían ferrocarril.

Respeto por la exigencia de hacer realidad las postergadas regalías petroleras para lograr el progreso, empezando por servicios básicos. Respeto por la audacia pionera de hombres y mujeres del Comité Pro Santa Cruz; por los valores empresariales y cooperativos/solidarios, merced a los cuales alcanzamos la descentralización y el desarrollo regional, aupados por un proyecto político colectivo exitoso. Respeto por las iniciativas democratizadoras municipales y por las demandas autonómicas, inscritas en la Constitución, pero amputadas por el centralismo.

Las epifanías de febrero son revelaciones sobre nuestra existencia. Son la memoria de lo que fuimos y de lo que llegamos a ser. Lo que seremos, depende de cuánto honremos ese pasado y de lo que construyamos desde el presente. Tendrá que ser democrático, liberal, solidario e inclusivo, o no será.   

* (Aquiles Gómez Coca. ¡Qué tiempos aquellos de mi viejo Santa Cruz! Fundación NOVA. Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. 2008: 252).

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