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Otra vez el censo como arma ideológica

Susana Seleme Antelo

“Estamos juntos desde muy lejos/ jóvenes, viejos,
negros y blancos, todo mezclado;
uno mandando y otro mandado…”
  Nicolás Guillén

En el censo a celebrarse a finales de 2022, el populista y autoritario Movimiento al Socialismo (MAS) insiste en ignorar a los mestizos y a la inmensa gama de variopintos genéticos, de colores “blanca rosada o marrón”, según Sonia Montaño, y a la diversidad cultural de la sociedad boliviana.

Como en el censo de hace 10 años, 2012, el régimen pretende que todos pertenezcamos a la desorientada tripleta ‘indígena-originario-campesino’. Así somete a la sociedad a una infame confrontación ideológica y étnica. Reconocer la identidad de país mestizo e intercultural, es dejar mal parada la impostura de país indígena que venden aquí y afuera, y que el ex Morales es el mayor exponente de esa tripleta, opuesta a la diversidad como síntesis de múltiples determinaciones.

Los que están mandando hace más de 15 años no saben leer la naturaleza de los conflictos que afectan hoy a la sociedad, e ignoran la sensación de ser tratados como ‘otros’ o ‘ninguno’, o de ‘no contar’, si nos identificamos como personas mestizas. Para el MAS, mandamases y subalternos, lo mestizo no es un ‘sujeto legal’, como el de los pueblos indígenas, que poseen “derechos colectivos propios”. Sin embargo, esos “derechos” solo valen para los adictos al partido del régimen y para la supuesta nación hegemónica aymara que ha “permeado todas las capas sociales”, según el también impostor ex Vice, quien nunca tuvo título alguno, pero fungía como licenciado en matemáticas. Aquí rige el ‘pensamiento único’, por eso desprecian a los aymaras que no les son afines, a los indígenas del Oriente, o les revocan sus mandatos si ejercen su derecho a la libertad de pensar.

El MAS y sus vocerías se revindican ‘indígena-originario-campesino’, pero no respetaron los derechos del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS) y de sus pueblos, a los que reprimieron con saña en Chaparina, 2011.   Hablar de ‘derechos colectivos propios’ no

se reivindica enumerando 36 etnias -57 en la papeleta censal del 2012- sino respetando sus derechos sobre su territorio y su cultura, sin invadir sus tierras, como hacen en el departamento de Santa Cruz, para otorgárselas a los llamados “interculturales”, rebalse de sus sindicatos corporativos campesinos y cocaleros.

La honestidad política y teórica no cuaja el masismo de Morales, ni de Arce, ni de Choquehuanca. Habría desafectos, pues el actual presidente y su vice no quieren contaminarse del siempre cocalero Morales ni de sus 6 Federaciones de Chapare, sospechadas de vínculos con el ‘narco’, que campa en Bolivia sin cortapisas.

¿Ignorantes o duros de entendederas? Da igual, pues desconocen que la evolución del Homo Sapiens responde a los intercambios de distintas oleadas migratorias de homínidos que surgieron en África y se extendieron por todo aquel mundo ignoto. Los que llegaron a esta América, por el estrecho de Bering como se presume hasta ahora, provienen de Neandertales, Cromañones, Denisovares,  entre otras especies del género Homo,  que se aparearon durante decenas de miles de años, revelan análisis de ADN  que confirman esos intercambios. ¿Sabrán que el origen de los primeros seres humanos está en África y que uno de sus ancestros más remotos puede ser Lucy, Australopithecus afarensi? En el campamento de excavación, en 1974, escuchaban Lucy in the Sky with Diamonds, de los Beatles, por eso llamaron ‘Lucy’ a los restos de una mujer encontrados cerca del lugar donde habitaba la tribu Afar. Junto a ella había doce restos de individuos de la misma especie. Fue catalogada como «la primera familia”.

¿Creerán los masistas que las y los bolivianos somos productos del sexo de las piedras, ya que el actual Vice afirma que las piedras tienen sexo? No es invento suyo: se remonta a la Antigüedad, con el griego Teofrasto de la escuela peripatética, y a Plinio el Viejo, romano.

Lo mestizo, en criterio de los impostores masistas, “no tiene ninguna utilidad ni individual ni colectiva para el ejercicio de la ciudadanía boliviana.” Es decir, nos niegan el ejercicio de ciudadanía. ¿Qué hacemos quienes tenemos abuelos árabes, europeos, asiáticos, africanos, a su vez descendientes de otros cruces, todos mezclados, negros, indios y blancos? ¿O astillas de tatarabuelas/bisabuelas chiquitanas u otras? Todo mezclado dialécticamente, para encontrar la síntesis: mestizos como esta América “que es una nación mestiza”, afirma William Ospina.

Las personas mestizas reclamamos estar reconocidas en el censo no como ‘Otros’ o ‘Ninguno’, ni como ‘anécdota, según algún exdirector del INE. Así como va, sin transparencia, el censo 2022 no asumirá i) ni la distribución de recursos ni un nuevo Pacto Fiscal; ii) ni la representación política en el Congreso de acuerdo a población; iii) ni la nueva lectura del tejido social, con derechos individuales reconocidos para todos y cada uno de quienes lo tejen. Este país fue República hasta que llegaron Morales, García Linera, Luis Arce y afines para colonizar Bolivia con la rudeza del castrochavismo, o socialismo del siglo 21, para imponer un relato que niega la historia y la memoria, siempre mezcladas, unos mandando y otros mandados.

Estos que hoy mandan en el MAS, en el gobierno y en los aparatos del Estado, asesinaron judicialmente -también en carne y hueso- a Marco Antonio Aramayo, porque denunció el vicioso modelo de latrocino en el Fondo Indígena. Ahora pretenden condenar-matar en un espurio juicio a la expresidenta constitucional transitoria Jeanine Añez Chávez. Y acosan con guillotinas judiciales a otras autoridades.

Siempre habrá que recurrir al optimismo de la voluntad, hasta que a estos que hoy mandan, se le oponga una inteligencia política liberal, ajena a todo oportunismo. O que se los lleve Mandinga.

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