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A la distinguida oposición

Por: Raschid Guardia

Gracias. De verdad, gracias. Porque en medio de tanto caos y desesperanza, ustedes nos regalan algo invaluable: el ejemplo perfecto de cómo perder una elección sin necesidad de que el oficialismo mueva un dedo.

Es admirable cómo, ante la urgente necesidad de unidad, ustedes han decidido protagonizar una épica batalla de egos. Una especie de Hunger Games político, pero sin talento, sin guion y, sobre todo, sin vergüenza.

Uno esperaría que, frente a un régimen que lleva años desgastando al país, surgiera una oposición fuerte, estratégica, generosa. Pero no. En su lugar, tenemos una feria de vanidades, donde cada uno cree ser el Mesías… con menos carisma que un cactus y más divisiones que una clase de matemáticas.

Dicen que quieren cambiar el país, pero ni un café pueden tomarse juntos sin salir peleando. Así no se construye futuro, señores; así se construye desencanto.

Y lo mejor: cuando pierdan —porque así será si siguen por ese camino—, no será culpa del MAS, ni del pueblo. Será suya. Porque no se puede liderar un país cuando ni siquiera se puede liderar un grupo de WhatsApp sin que se salgan ofendidos.

Para:

Luis Fernando Camacho
Samuel Doria Medina
Jorge Tuto Quiroga

Raschid Guardia

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