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Sobre los mitos de octubre

Por: Gonzalo Flores

Cuando ocurrieron los fatídicos hechos de 2003 que terminaron con la renuncia del presidente GSL, todos sentimos que estábamos viviendo un deja vu – haber visto antes lo que está pasando ahora-. Parecía que una parte de las protestas era auténtica, pero se notaba que había también mucha digitación. Cada episodio se conectó con el siguiente, desde la captura de rehenes en Warisata hasta el asedio final al expresidente GSL.

Los vencedores proclamaron la defensa del gas, de los recursos naturales, hablaban de los pueblos indígenas, pedían una nueva Constitución. Su discurso parecía lleno de extremos, pero parecía haber algo de sinceridad y verdad en él. No fue así.

Para que una fuerza tiránica logre tomar el poder con el apoyo de un gran número de personas, debe tener una narrativa, una explicación de las cosas muy convincente, aunque sea falsa. El MAS narró que un enemigo externo (el imperialismo) y un enemigo interno (el gonismo), se esforzaban por saquear el agua, los recursos naturales y particularmente el gas. A esa narrativa central se añadieron otras, menores, apuntadas a temas más específicos, pero que la reforzaban.

Emilio Martínez acaba de publicar un excelente trabajo –Los Cinco Mitos de Octubre, Ed. El País- que desmiente varias postverdades a propósito del año 2003, elaboradas con el fin de engañar a la opinión pública, y muestra lo que ocurrió en realidad. Resumo apretadísimamente sus puntos principales.

Se ha afirmado que en octubre de 2003 los militares salieron a matar en forma indiscriminada, y que su acción alcanzó intentos de genocidio. El informe del experto en balística de la defensa, en el juicio sustanciado en Fort Lauderdale contra GSL, apunta en sentido contrario.  Examinando varios decesos, el experto, D. Katz, llega a la conclusión de que muchos, si no todos los disparos, fueron hechos por armas distintas a las usadas por el Ejército, que fueron hechos desde posiciones que el Ejército no ocupaba y que las balas siguieron trayectorias imposibles. Son los casos de Roxana Cutipa y Marlene Rojas, alcanzadas por balas disparadas por tiradores que se encontraban en una posición superior, en un cerro o colina, mientras que el ejército se encontraba en posición inferior. Una de ella fue impactada por una bala 7.62, que no puede ser usada por los fusiles M-16 del Ejército.

No olvidemos el secuestro de turistas en Warisata, donde se fotografió a aproximadamente 150 civiles armados con fusiles Mauser.  También, se ha escondido muy bien que una columna del Ejército que marchaba desde La Paz hacia El Alto fue atacada desde las laderas, y se ha afirmado sin ninguna base, que el Ejército, o la Fuerza Aérea, realizó disparos hacia la multitud desde un helicóptero.

Se dice que la protesta fue espontánea y pacífica. En los hechos, hubo una acción colectiva, organizada y provocada, y los actores fueron empujados a la violencia. Intervino el EGTK, ya activo desde 1997; hay indicios muy fuertes de que las FARC habrían colocado hasta 70 soldados y que el ELN colombiano habría colocado 34 guerrilleros. Es altamente probable que algunos, si no muchos de los disparos asesinos contra la gente, hubieran sido realizados por miembros de estas organizaciones, en su intento de provocar ira y acciones contra el gobierno. Sorprende encontrar en las listas de guerrilleros colombianos, a bolivianos que han ocupado destacadas posiciones en la política y la actividad sindical.

Se ha llamado “convoy de la muerte” a una caravana de vehículos militares que escoltaban a cisternas cargadas con gasolina en la ruta El Alto – La Paz. Desde esos vehículos se habrían realizado disparos contra la gente desarmada que observaba el paso del convoy. Se dijo que hubo apoyo de fuego aéreo. A este convoy se le ha atribuido una treintena de muertos. Los análisis indican otra cosa: la mayoría de caídos no estaba en la ruta del convoy, sino a varias cuadras de distancia e incluso en lugares inalcanzables en línea recta; el testigo “estrella” de los acusadores (un cura que dejó la sotana para postularse como concejal por el MAS en El Alto) terminó reconociendo que –en contra de lo que había dicho- no había visto a los militares disparar contra los civiles, el ejército no tenía helicópteros capaces de efectuar disparos y no existe ningún registro de aviones sobrevolando la zona. La verdad fue otra: se planeó cercar al convoy y se le hizo disparos de hostigamiento; cuando los escoltas del convoy respondieron, hubo otros disparos, en otras zonas, dirigidas a gente que simplemente estaba en la calle o apostada en su ventana: víctimas inocentes de desalmados sin escrúpulos. No se puede olvidar la imagen de jóvenes lumpen de El Alto destruyendo puentes, pasarelas y despeñando vagones de tren. No tenían ninguna motivación doctrinaria ni reivindicaciones, sino que recibieron dinero y alcohol en cantidades suficientes.

Se sostiene que el expresidente GSL fue intransigente, que se negó a dialogar con los movilizados. Estos tenían setenta y dos demandas, las suficientes como para hacer imposible cualquier negociación. El libro documenta los continuos esfuerzos del gobierno constitucional por establecer diálogos y restaurar la paz. Demuestra también que los insurrectos se negaron continuamente y bajo todo tipo de pretextos, a dialogar con el gobierno. Querían bloquear, asediar y desatar violencia, y consiguieron su objetivo, que era la salida de GSL y su partido del poder.

¿Cómo ha sido posible que una sarta de mentiras, falsedades, y simples invenciones malintencionadas hubieran sido aceptadas ampliamente? Pienso que las acciones colectivas que ocurrieron desde el primer día del segundo gobierno de GSL estaban conectadas, quizá no completamente, pero había entre ellas un flujo de información muy intenso y por lo menos cierta coordinación. La instalación de las postverdades se hizo con ayuda de la victimización, la repetición, la redundancia, la ayuda de medios de comunicación y redes, la cooperación de autoridades judiciales, la tolerancia de las clases medias y cómo no, la ayuda de intelectuales “progresistas”.

Saludo la publicación de Los Cinco Mitos de Octubre, un libro que debería ser leído por todos los que quieren refrescar la memoria que guardan de ese terrible mes del 2023, y que desean separar las realidades de las falsedades.

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